Diez años después de su primer vuelo entre Madrid y Reikiavik, Iberia Express conmemora una apuesta que el tiempo convirtió en certeza: más de 170.000 pasajeros han cruzado el Atlántico Norte en busca de glaciares, volcanes y auroras boreales. Lo que nació como una ruta estacional de bajo costo se ha revelado como algo más profundo: la expresión de un deseo colectivo de alcanzar los márgenes del mundo conocido sin renunciar a la accesibilidad. En la historia de la aviación comercial, este tipo de persistencia silenciosa suele ser el mejor indicador de que un destino ha tocado algo verdadero en