Bajo las calles de la antigua Epidaurum, en la costa croata, el tiempo guardó un secreto durante mil quinientos años: un sarcófago romano de cinco toneladas, sellado con mortero de cal intacto, que ninguna mano humana ni proceso natural llegó a perturbar. Descubierto a tres metros de profundidad durante excavaciones de emergencia lideradas por la arqueóloga Helena Puhara, el hallazgo pertenece a una época en que el Imperio Romano se transformaba desde sus cimientos. Lo que hace singular este momento no es solo la rareza de la conservación, sino lo que promete revelar: una memoria física, sin i