En el cruce entre la ambición geopolítica y la soberanía irreductible, Estados Unidos, Groenlandia y Dinamarca alcanzaron un acuerdo formal que reafirma una verdad antigua: los territorios no se compran, se negocian. El secretario Marco Rubio presidió el cierre de semanas de tensión diplomática que habían puesto a prueba los cimientos del orden transatlántico. El pacto establece un marco de cooperación ártica sin transferencia de soberanía, recordándonos que incluso las potencias más grandes deben sentarse a la mesa con quienes custodian la tierra.