‘Grande de España’: una sátira de la aristocracia con forma de comedia romántica

Para nosotros, Leandro no era un noble, sino un mendigo
Fernández Armero describe así al marqués arruinado que interpreta Antonio de la Torre en la serie de Netflix.
Mark

¿De dónde sale la idea de la serie?

Mimi

De las visitas a casas para otro rodaje. Cavestany y Fernández Armero veían repetirse al hijo de la dueña, un hombre de cuarenta y tantos que vivía allí como un guardés.

Mark

¿Y por qué la comedia romántica?

Mimi

Porque no quieren retratar la aristocracia, sino usarla para un enredo entre dos impostores. Fernández Armero habla de un cuento, de El príncipe y la mendiga.

Luke

Ojo, que casi todo viene de los propios creadores. Es su relato de cómo nació la serie, no lo hemos visto contrastado con nadie más.

Mark

Hubo un cambio por parte de Netflix, ¿no?

Mimi

Sí. El engaño de Sofía Carrington se destapaba hacia la mitad y la plataforma pidió que fuera en el primer episodio. Hasta el tráiler lo adelanta.

Luke

Y conviene precisar que es lo que cuentan ellos. No sabemos qué razones dio Netflix; la frase de la ansiedad del espectador es de Fernández Armero.

Mark

¿Qué papel tuvo Íñigo Ramírez de Haro?

Mimi

Fue referente para Antonio de la Torre, que le consultaba textos e ideas. Cavestany admite entre risas que a ratos los exasperaba.

Luke

Lo que no sabemos es cuánto de lo que sale en pantalla se debe a esas consultas. Y la serie aún está por juzgar: aquí solo hablan quienes la hicieron.

  • Un marqués arruinado, interpretado por Antonio de la Torre, necesita vender el palacete familiar que apenas puede mantener.
  • La llegada de una millonaria, Sofía Carrington, con una oferta generosa desata un juego de negociaciones y seducción entre dos mentirosos.
  • Los creadores tuvieron que adelantar el descubrimiento del engaño al primer episodio, reorganizando el guion para satisfacer a Netflix.
  • La serie avanza con el reto de equilibrar la comedia de enredo con un drama de fondo que se percibe como amargo y triste.

Hay casas en Madrid que sobreviven de alquilarse a rodajes, con salones intactos y habitaciones frías detrás de cada puerta, y en ese contraste entre el esplendor que se exhibe y la penuria que se oculta nace Grande de España. Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, autores de algunas de las comedias más singulares de la televisión española, la sitúan en la tradición de la sátira sobre la vieja riqueza que Berlanga ya retrató, aunque sin proponérselo al principio. Es la historia de dos impostores que se miran con desconfianza y deseo, y en esa farsa late la pregunta que atraviesa toda la comedia humana: qué queda de una dignidad cuando se sostiene solo por apariencias.

Todo empezó con una puerta. Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero recorrían casas para localizar escenarios cuando, una y otra vez, aparecía tras una puerta una zona fría y abandonada, y con ella el hijo de la dueña, un hombre de cuarenta y tantos que vivía casi como un guardés en su propia casa. Esas mansiones se alquilan para rodajes con el fin de pagar su mantenimiento, y de esa observación nace Grande de España.

La visita les recordó a Patrimonio nacional, de Berlanga, y comenzaron a fantasear con un Madrid de palacetes y de una ranciedad de dinero muy antiguo. La serie se grabó en el Palacio de la Trinidad, en el barrio de Salamanca, mientras que el mundo de la coprotagonista se recreó en barrios del sur como Villaverde, Vallecas y Entrevías.

Antonio de la Torre interpreta a don Leandro, un marqués arruinado que sueña con ser nombrado Grande de España y cuya única salida es vender el palacete. Entonces aparece Sofía Carrington, interpretada por Alexandra Jiménez, con una oferta muy generosa. Ambos esconden su fracaso tras una fachada, y entre ellos se teje un juego de negociaciones y seducción. Para los guionistas, Leandro no es un noble sino un mendigo al límite, y el reto era combinar esa urgencia con un entorno que empuja hacia lo contrario.

Es la primera serie de los creadores para Netflix, y el cambio se notó. La plataforma pidió adelantar el engaño al primer episodio en lugar de la mitad de la trama, para poner todas las cartas sobre la mesa. Cavestany lo resume con una queja: en una plataforma así, no hay espacio para desarrollar los mundos en tres o cuatro episodios. Fernández Armero lo llama la ansiedad del espectador.

La comedia, sostienen, solo se sostiene sobre el drama, y de ahí el poso de amargura que atraviesa esta historia de apariencias y engaños.

Todo empezó con una puerta. Mientras recorrían casas en busca de localizaciones para otra serie, Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero se toparon una y otra vez con la misma escena: en medio de la visita a un espacio opulento y decadente, tras una puerta que daba a una zona fría y desangelada, aparecía el hijo de la dueña. Un hombre de cuarenta y tantos años que no había prosperado y que vivía en la casa casi como un guardés. Esas casas se alquilan para rodajes con el fin de pagar su mantenimiento, y de esas anécdotas nace Grande de España, la nueva serie de Netflix de los creadores de Vergüenza y Sentimos las molestias.

La visita a aquellos palacetes les recordó a Patrimonio nacional, de Berlanga. "Empezamos a fantasear con ese Madrid de palacetes y de cierta ranciedad de dinero muy antiguo", explica Cavestany por videollamada. Admite que las películas de Berlanga no estaban en la conversación cuando idearon la trama, y que la envidia les vino al buscar escenarios: Patrimonio nacional se había rodado en el palacio de Linares. Grande de España se grabó en el Palacio de la Trinidad, en el barrio madrileño de Salamanca, mientras que el mundo de la coprotagonista se recreó en barrios del sur como Villaverde, Vallecas y Entrevías.

La serie, de seis episodios, cuenta la historia de dos impostores. Antonio de la Torre es don Leandro, un marqués arruinado que sueña con ser nombrado Grande de España. Su única salida al desastre económico es vender el palacete familiar donde vive, y que ya alquila para rodajes. Aparece entonces Sofía Carrington, la millonaria empresaria que interpreta Alexandra Jiménez, con una oferta muy generosa por el inmueble. Pero él mantiene las apariencias de cara a la galería y ella lleva una doble vida: ambos son, en el fondo, dos fracasados, y entre ellos se arma un juego de negociaciones y seducción.

Ningún marqués real inspiró directamente a Leandro, aunque los guionistas confiesan que se sirvieron mucho de la imagen del propio De la Torre. También se reunieron con aristócratas para conocer su mundo por dentro. Especial peso tuvo Íñigo Ramírez de Haro, dramaturgo, exdiplomático y cuñado de Esperanza Aguirre, que ha satirizado a la aristocracia en sus obras. Orientó a los guionistas y fue sobre todo un referente para el actor. "Establecieron una relación tan grande que nos llegó a exasperar un poco", cuenta Cavestany entre risas: De la Torre contrastaba con Ramírez de Haro cada texto o idea que le daban, y lo usaba como baremo de lo que estaba bien o mal.

La serie no pretende retratar la aristocracia, sino servirse de ese universo para una comedia romántica de enredo. Según Fernández Armero, De la Torre insistió en que fuera una comedia de verdad, sin ridiculizar a los personajes más de lo que ya se ridiculizan ellos. Para los creadores, Leandro no es un noble sino un mendigo, alguien al límite de la vida, y el reto era combinar esa urgencia con un entorno que empuja hacia lo contrario. "Al final la serie es un cuento, El príncipe y la mendiga, tiene un punto de fábula", dice.

Es su primera serie para Netflix tras dos títulos en Movistar Plus, y el cambio se notó. Lo primero que les dijeron fue que allí no podían hacer Vergüenza. Lo segundo alteró la estructura: en el guion original, el descubrimiento del engaño de Sofía llegaba hacia la mitad de la trama, pero la plataforma pidió que ocurriera en el primer episodio, para poner todas las cartas sobre la mesa. Hasta el tráiler adelanta ese giro. "Si esperas tres o cuatro episodios, tienes espacio para desarrollar los dos mundos y la impostura. Pero en una plataforma como Netflix ahora mismo eso no funciona", dice Cavestany. Fernández Armero lo resume así: "Ahora convivimos con la ansiedad del espectador".

Entre los referentes que citan figuran también Un par de seductores, la comedia de 1988 de Frank Oz con Michael Caine y Steve Martin, y Armas de mujer, con Melanie Griffith, a la que se homenajea en algunas secuencias del personaje de Jiménez. Cavestany defiende la mezcla de géneros: el público ya está acostumbrado a tratarlos de forma no evidente, y la comedia, dice, solo se sostiene sobre el drama, incluso sobre el tremendo drama. De ahí el poso de amargura y tristeza que atraviesa esta historia de apariencias y engaños.

Ahora convivimos con la ansiedad del espectador.
— Álvaro Fernández Armero, cocreador
La comedia solo se sostiene sobre el drama, incluso sobre el tremendo drama.
— Juan Cavestany, cocreador
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