Desde la presidencia de FAD Juventud, el banquero José Ignacio Goirigolzarri pone nombre a una tensión que muchos sienten pero pocos en posiciones de poder articulan: el contrato social contemporáneo favorece sistemáticamente a las generaciones mayores en detrimento de las más jóvenes. Ante la pregunta de cómo proteger a los menores en el entorno digital, Goirigolzarri rechaza la lógica de la restricción y propone, en cambio, la de la preparación: no cerrar puertas, sino enseñar a atravesarlas con criterio. Es una apuesta por la autonomía frente al control, en un momento en que ambas opciones
Goirigolzarri: «El contrato social premia a mayores y perjudica a jóvenes»
Preparar antes que prohibir: la apuesta de una generación
¿Por qué un banquero como Goirigolzarri decide ahora hablar de contrato social y jóvenes? ¿Qué lo mueve a cambiar de rol?
Probablemente vea que el sistema que lo benefició a él está roto para la generación siguiente. Es una observación que viene de adentro del poder, no de fuera.
Pero tenemos que ser cuidadosos: ¿qué evidencia hay de que el contrato social favorece desproporcionadamente a mayores? ¿Números de pensiones versus salarios jóvenes? ¿Acceso a vivienda?
Es cierto que los datos existen. Pensiones que crecen mientras salarios de entrada se estancan. Precios de vivienda que se multiplicaron mientras ingresos jóvenes no. Eso es verificable.
Y respecto a su propuesta sobre educación digital en lugar de restricciones: ¿qué significa exactamente preparar a menores? ¿Quién lo hace, cómo, con qué recursos?
FAD Juventud probablemente está pensando en programas escolares, capacitación en alfabetización digital crítica, no solo técnica. Entender algoritmos, privacidad, desinformación.
Pero aquí hay un riesgo: si decimos que la solución es educación, ¿no estamos trasladando la responsabilidad del daño de las plataformas a los jóvenes y sus familias? ¿Dónde queda la regulación de las redes sociales mismas?
Es una tensión real. Goirigolzarri no está diciendo que no haya que regular. Está diciendo que además de regular, hay que educar. Que prohibir sin preparar es incompleto.
¿Y funciona eso en la práctica? ¿Hay ejemplos de países donde la educación digital ha reducido daños sin necesidad de restricciones?
Esa es la pregunta que el artículo no responde. Sabemos qué propone Goirigolzarri. No sabemos si hay evidencia de que funcione a escala.
O Pulso
- El contrato social vigente carga sobre los hombros de los jóvenes el sostenimiento de un sistema que les devuelve precariedad laboral, vivienda inaccesible y pensiones inciertas.
- El debate sobre redes sociales y menores se ha polarizado entre quienes exigen prohibiciones y quienes advierten que prohibir sin educar es simplemente otra forma de abandono.
- Goirigolzarri irrumpe en ese debate con una postura que incomoda a ambos extremos: ni permisividad ni censura, sino inversión real en alfabetización digital crítica.
- FAD Juventud propone que escuelas, familias e instituciones enseñen a los jóvenes a reconocer algoritmos, desinformación y manipulación en lugar de alejarlos de las plataformas que estructuran su mundo.
- La propuesta apunta a una reconfiguración más profunda: que las instituciones traten a los jóvenes como actores capaces de aprender, no como sujetos que deben ser controlados.
Desde la presidencia de FAD Juventud, el banquero José Ignacio Goirigolzarri pone nombre a una tensión que muchos sienten pero pocos en posiciones de poder articulan: el contrato social contemporáneo favorece sistemáticamente a las generaciones mayores en detrimento de las más jóvenes. Ante la pregunta de cómo proteger a los menores en el entorno digital, Goirigolzarri rechaza la lógica de la restricción y propone, en cambio, la de la preparación: no cerrar puertas, sino enseñar a atravesarlas con criterio. Es una apuesta por la autonomía frente al control, en un momento en que ambas opciones definen visiones muy distintas de lo que significa cuidar a una generación.
José Ignacio Goirigolzarri, con una larga carrera en el sistema financiero y ahora al frente de FAD Juventud, ha lanzado una crítica directa al contrato social vigente: está diseñado para proteger a los mayores a expensas de las generaciones jóvenes. Pensiones, sanidad y servicios se financian sobre los hombros de trabajadores activos que, al mismo tiempo, enfrentan mercados laborales precarios, vivienda inaccesible y jubilaciones inciertas. El desequilibrio, señala, es estructural.
Pero Goirigolzarri no se limita al diagnóstico. Ante uno de los debates más encendidos sobre juventud y tecnología —si se debe restringir el acceso de menores a redes sociales—, toma una posición clara: la solución no está en prohibir, sino en preparar. Los jóvenes no abandonarán las plataformas digitales porque los adultos lo ordenen; esas plataformas son parte del tejido en el que crecen, trabajan y participan. Restringir sin educar equivale, en su lógica, a excluirlos de herramientas que definen oportunidades reales.
La propuesta de FAD Juventud apunta a una alfabetización digital que va más allá de lo técnico: entender cómo funcionan los algoritmos, cómo se monetiza la atención, cómo se propaga la desinformación, cómo se construye la identidad en línea. Escuelas, familias e instituciones públicas tendrían que asumir ese rol activo.
En el fondo, Goirigolzarri está argumentando que reparar el contrato social no es solo una cuestión de redistribución económica. También exige reconocer a los jóvenes como actores capaces de aprender y decidir, e invertir en su autonomía en lugar de en su control. En un mundo donde lo digital es constitutivo de la vida, preparar para el acceso es una forma de inclusión; negarlo, una forma de exclusión.
José Ignacio Goirigolzarri, banquero de larga trayectoria que ahora preside FAD Juventud, ha planteado una crítica frontal al contrato social vigente: sostiene que está diseñado para favorecer a los mayores a costa de las generaciones más jóvenes. Su diagnóstico toca un nervio que atraviesa el debate público sobre cómo las sociedades occidentales distribuyen recursos, oportunidades y poder entre edades.
La observación de Goirigolzarri no es nueva en los círculos académicos y de política social, pero cobra peso cuando la formula alguien que ha ocupado posiciones de responsabilidad en el sistema financiero. El contrato social, en su forma actual, tiende a proteger pensiones, sanidad y servicios para mayores mediante sistemas de financiación que recaen en trabajadores activos, muchos de ellos jóvenes. Mientras tanto, esos mismos jóvenes enfrentan mercados laborales precarios, acceso limitado a vivienda y perspectivas de jubilación incierta. El desequilibrio es estructural.
Pero Goirigolzarri no se detiene en el diagnóstico. Desde su posición al frente de FAD Juventud, ha tomado una postura clara respecto a cómo las instituciones deben responder a uno de los desafíos más visibles de esta brecha generacional: la relación entre jóvenes y redes sociales. Mientras que muchos políticos y expertos abogan por restricciones, prohibiciones o límites de acceso a plataformas digitales, Goirigolzarri defiende un camino distinto. Propone que antes que cortar el acceso, las sociedades deben invertir en preparar a los menores para navegar el mundo digital de manera segura y crítica.
Esta posición refleja una comprensión pragmática de la realidad: los jóvenes no van a dejar de usar redes sociales porque los adultos lo ordenen. Las plataformas digitales son parte del tejido social, económico y cultural en el que crecen. Prohibir o restringir sin educar es, en su lógica, condenar a una generación a estar desconectada de herramientas que definen oportunidades laborales, sociales y de participación cívica. La alternativa es más exigente: requiere que escuelas, familias e instituciones públicas enseñen a los jóvenes a identificar riesgos, proteger su privacidad, reconocer manipulación y usar estas herramientas de forma consciente.
La propuesta de FAD Juventud, entonces, no es ingenua ni permisiva. Es educativa. Reconoce que el mundo digital es irreversible y que la solución no está en negar su existencia sino en fortalecer la capacidad de los jóvenes para habitarlo. Esto implica alfabetización digital real, no solo técnica sino crítica: entender cómo funcionan los algoritmos, cómo se monetiza la atención, cómo se propagan desinformaciones, cómo se construyen identidades en línea.
Lo que Goirigolzarri está señalando, en el fondo, es que el contrato social que penaliza a los jóvenes no puede repararse solo redistribuyendo recursos económicos. También requiere que los jóvenes tengan voz en las decisiones que los afectan, que se les reconozca como actores capaces de aprender y adaptarse, y que las instituciones inviertan en su autonomía en lugar de en su control. En un mundo donde la tecnología digital es constitutiva de la vida, negar acceso es una forma de exclusión. Preparar para el acceso es una forma de inclusión.
Citações Notáveis
El contrato social premia a mayores y perjudica a jóvenes— José Ignacio Goirigolzarri, presidente de FAD Juventud