En la base aérea La Carlota de Caracas, el chavismo y un sector opositor venezolano se sentaron juntos el jueves por primera vez en un ciclo formal de diálogo orientado hacia una transición electoral. Lo que los reunió fue una mezcla de presión internacional —impulsada por Estados Unidos— y una llamada telefónica privada entre dos negociadores que decidieron abrir una puerta antes cerrada. Acordar cómo hablar, en un país tan polarizado, es ya en sí mismo un acto político de peso. Venezuela ha visto antes promesas que se disuelven; lo que reste de agosto dirá si esta vez el gesto tiene raíces.