En el transcurso de un solo día, el Festival de Brasilia del Cine Brasileño pasó de la extinción a la resurrección. La gobernadora Celina Leão intervino para ordenar la liberación de fondos que la crisis del Banco de Brasilia había dejado sin disponibilidad, salvando así la 59ª edición del certamen cinematográfico más antiguo de Brasil —fundado en 1965 y declarado patrimonio inmaterial— de convertirse en la primera cancelación democrática de su historia. El gesto recuerda que la cultura, cuando se la abandona, no desaparece en silencio: encuentra quién la nombre.