Cada verano, los incendios forestales en España revelan algo más que el poder destructivo del fuego: son el espejo de décadas de abandono rural, decisiones urbanísticas imprudentes y una gestión del territorio que ha roto el equilibrio entre el ser humano y el monte. En provincias como Madrid, Ávila y Guadalajara, el calor extremo y la sequía encontraron un paisaje sin defensas, acumulado de combustible vegetal y vaciado de las manos que antes lo cuidaban. La pregunta que queda en el aire no es técnica sino política: si sabemos lo que hay que hacer, ¿qué nos impide hacerlo?
Gestión forestal y cambio climático: la urgencia de un pacto de Estado sin dogmatismo
Los incendios forestales han causado desastres ambientales y económicos en provincias como Madrid, Ávila y Guadalajara, afectando directamente a comunidades rurales y ecosistemas.