Geóloga de la NASA explica por qué 2026 registra más terremotos en América

El terremoto causó daños significativos en Colombia, con aproximadamente 58.870 edificios dañados identificados preliminarmente en Venezuela tras sismos similares.
El acomodamiento libera energía remanente, no aumenta el riesgo
Adriana Ocampo explica por qué las réplicas después de un terremoto no predicen nuevos sismos grandes.
Mark

¿Por qué la gente siente que 2026 ha sido un año anómalo para terremotos si realmente no lo es?

Mimi

Porque vivimos en una región donde la actividad sísmica es constante, pero no siempre la notamos. Cuando varios países son golpeados en el mismo año, la atención mediática se concentra y crea la ilusión de que algo inusual está sucediendo. En realidad, es el ciclo normal de liberación de energía que ha estado acumulándose durante décadas.

Mark

Entonces, ¿el hecho de que Colombia, México y Venezuela hayan tenido terremotos grandes es solo coincidencia?

Mimi

No es coincidencia, pero tampoco es conexión. Son procesos independientes causados por diferentes dinámicas de placas. Colombia experimenta subducción, Venezuela experimenta una falla de rumbo. Están en diferentes sistemas tectónicos, pero ambos están en regiones donde la energía se acumula naturalmente.

Mark

¿Qué me dice sobre la idea de que el calentamiento del océano está causando más terremotos?

Mimi

No hay evidencia científica que lo respalde. Los terremotos profundos son generados por energía elástica acumulada en fallas geológicas, no por temperatura del agua. Ahora bien, hay algo más interesante: la actividad solar puede influir en la sismicidad, pero de una manera completamente diferente.

Mark

¿Cómo puede el Sol influir en los terremotos?

Mimi

El calor solar, aunque es mínimo en la superficie, puede hacer las rocas más frágiles y alterar el movimiento del agua subterránea, lo que cambia la presión en las fallas. Después de una erupción solar, la sismicidad global puede aumentar hasta un 38 por ciento en los 10 días siguientes.

Mark

Eso suena a que la predicción sísmica finalmente será posible.

Mimi

Es más optimista que antes. Cuando incluyes datos solares en los modelos matemáticos, la precisión mejora notablemente. Pero la verdadera protección no viene de la predicción perfecta, sino de construcciones que resistan, de códigos que se cumplan, de ciudades preparadas.

Mark

¿Entonces el futuro depende más de la ingeniería que de la ciencia?

Mimi

Depende de ambas. La ciencia nos dice qué está sucediendo y cuándo podría suceder. La ingeniería nos protege cuando sucede. Sin una, la otra no tiene sentido.

  • Terremoto de magnitud 7,4 en Colombia el 10 de agosto, epicentro en Chocó
  • 99 réplicas registradas hasta el momento del terremoto
  • Profundidad de 107 kilómetros atenuó las ondas sísmicas en Colombia
  • Aproximadamente 58.870 edificios dañados en Venezuela tras sismos similares
  • Código Colombiano de Construcciones Sismorresistentes podría reducir daños hasta 80%

El terremoto de magnitud 7.4 en Colombia fue el más intenso del siglo, con epicentro en Chocó y 99 réplicas registradas hasta ahora. Los sismos de 2026 en Colombia, México y Venezuela son procesos independientes causados por diferentes dinámicas de placas tectónicas, no por fenómenos anómalos.

Adriana Ocampo, geóloga colombiana que trabajó en la NASA, explica que los terremotos de magnitud 7.4 en Colombia y otros sismos de 2026 responden a la dinámica tectónica natural, no a anomalías, y destaca la importancia de construcciones antisísmicas.

A las 7:40 de la mañana del 10 de agosto, la tierra se movió bajo Colombia. El terremoto que sacudió el país alcanzó una magnitud de 7,4 y tuvo su epicentro en Chocó. El Servicio Geológico Colombiano lo clasificó como el más intenso registrado en este siglo. En las horas que siguieron, la corteza terrestre continuó reajustándose: hasta el momento se han contabilizado 99 réplicas, un fenómeno que los expertos consideran completamente normal dentro del proceso de estabilización que sigue a un movimiento sísmico de esta envergadura.

Para entender qué estaba sucediendo bajo tierra, La Nación conversó con Adriana Ocampo, una geóloga colombiana que pasó más de cinco décadas trabajando en la NASA. Su perspectiva ofrece claridad sobre una pregunta que muchos se hacían en agosto de 2026: ¿por qué este año había registrado tantos terremotos de gran magnitud en la región? México, Colombia y Venezuela habían sido sacudidos por movimientos sísmicos significativos. ¿Había algo anómalo sucediendo?

La respuesta de Ocampo fue directa: no. Lo que estaba ocurriendo respondía a la dinámica tectónica natural de América. El terremoto colombiano fue causado por la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, un proceso que ha estado ocurriendo durante millones de años. Los dos sismos que golpearon a Venezuela, con magnitudes de 7,2 y 7,5, obedecían a un mecanismo completamente diferente: una falla de rumbo entre las placas del Caribe y la Sudamericana. Eran procesos independientes, sin conexión entre sí. Lo que sí era importante recordar era que el planeta está en continua evolución, y el movimiento de las placas que forman la corteza terrestre es parte fundamental de ese proceso.

Una pregunta común era si el Cinturón de Fuego del Pacífico estaba experimentando algo inusual. Ocampo aclaró que no. Colombia y México se encuentran dentro de esta región, que concentra aproximadamente el 90 por ciento de toda la actividad sísmica mundial. Venezuela, en cambio, está fuera de él. Los terremotos de 2026 eran eventos esperados, parte de la liberación continua de energía que se acumula durante décadas en estas zonas de alta actividad sísmica. Tampoco había evidencia científica que vinculara el aumento de las temperaturas oceánicas con los terremotos tectónicos profundos. Los sismos de gran magnitud son generados por la acumulación y liberación de energía elástica en fallas geológicas, independientemente de cuán cálida esté el agua.

Los datos satelitales de la NASA proporcionaban una medida más precisa del daño. El satélite NISAR, utilizando tecnología de radar de apertura sintética, había captado desplazamientos de hasta 60 centímetros en Venezuela tras los sismos, con aproximadamente 58.870 edificios dañados identificados preliminarmente. Para Colombia, los datos aún se estaban procesando, pero la profundidad del sismo ofrecía una pista importante. A 107 kilómetros de profundidad, las ondas sísmicas tuvieron más tiempo para atenuarse mientras viajaban hacia la superficie, lo que sugería una afectación superficial menor que la de Venezuela, donde los sismos fueron más superficiales, entre 10 y 20 kilómetros. Cuanto más profundo es el origen de una onda sísmica, más tiempo tiene para mitigarse, un fenómeno correlacionado con la composición y densidad de la roca a través de la cual viaja. Los suelos con rocas menos densas tienden a amplificar las ondas sísmicas y producir más daños en las estructuras.

Una creencia común después de un terremoto fuerte es que las placas se acomodan y aumenta el riesgo de nuevos terremotos. Ocampo confirmó que la corteza sí busca un nuevo equilibrio, generando réplicas en horas, días o semanas. Sin embargo, estas réplicas son menores que el sismo principal. El acomodamiento no aumenta el riesgo de otro gran terremoto en el mismo lugar, sino que libera la energía remanente. Era importante estar preparado y tomar precauciones, especialmente en los días inmediatamente posteriores al terremoto, cuando las réplicas son más frecuentes.

Una observación intrigante era que ciudades alejadas del epicentro a menudo sufrían daños mayores que localidades cercanas. Cali, por ejemplo, había sufrido más que Armenia, a pesar de estar a una distancia similar del epicentro. La profundidad era clave. Debido a que el sismo colombiano fue intermedio, las ondas viajaron extensamente atenuadas. Los daños dependían de la vulnerabilidad del terreno y las edificaciones. Cali, con suelos más blandos y construcciones antiguas, fue más vulnerable que Armenia. Esto subrayaba la importancia crítica de seguir los requisitos de construcción antisísmica, incluso en edificios antiguos, para mitigar la pérdida de vidas.

Para mitigar este tipo de fenómenos en el futuro, Ocampo enfatizó la implementación rigurosa del Código Colombiano de Construcciones Sismorresistentes, que podría reducir daños hasta en un 80 por ciento. Complementar esto con monitoreo satelital continuo y medición de placas mediante técnicas avanzadas permitiría evaluar deformaciones de la corteza correlacionadas con actividad sísmica y actualizar mapas de amenaza y de urbanización preparada para terremotos. El futuro de la predicción sísmica, según Ocampo, es optimista. Investigaciones recientes de la Universidad de Tsukuba y el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada de Japón han demostrado, mediante modelos matemáticos, que la actividad solar influye causalmente en la sismicidad. El calor del Sol, aunque provoca un leve aumento de 0,1 a 0,2 grados Celsius en la temperatura superficial, puede hacer las rocas más frágiles y alterar la presión en las fallas al modificar el movimiento del agua subterránea. Cuando se incluye la temperatura superficial en los modelos de pronóstico, la precisión mejora notablemente, especialmente para terremotos superficiales. Se ha observado que hasta 10 días después de una erupción solar, la sismicidad global puede aumentar hasta un 38 por ciento. Esta conexión subraya por qué la exploración espacial es tan crucial: estudiar el Sol no solo ayuda a comprender el universo, sino que proporciona herramientas clave para anticipar movimientos en el propio planeta, acercando cada vez más a sistemas de alerta temprana que salven vidas.

Los sismos de 2026 responden a la dinámica tectónica natural de la región, no a un fenómeno anómalo
— Adriana Ocampo, geóloga de la NASA
La actividad solar influye causalmente en la sismicidad; hasta 10 días después de una erupción solar, la sismicidad global puede aumentar hasta un 38 por ciento
— Adriana Ocampo, citando investigaciones de universidades japonesas
Contact Us FAQ