En las afueras de Budapest, una fábrica que lleva un cuarto de siglo fabricando componentes críticos para la generación eléctrica mundial emprende su propia transición energética. GE Vernova invierte 24,5 millones de dólares en su planta de Veresegyház para que el lugar donde se construyen turbinas de gas comience a alimentarse, en buena medida, con energía solar. Es una apuesta que une la urgencia industrial del presente —más demanda, más precisión, menos carbono— con una visión de largo plazo sobre cómo debe lucir la manufactura en la era de la transición energética.