En las aguas del Mar de Japón y el Mar de Ojotsk, Rusia ha puesto en movimiento a más de trece mil efectivos de su Flota del Pacífico en maniobras que combinan poder naval, misiles costeros y dragaminas. El despliegue, encabezado por el crucero insignia Varyag, no es un gesto rutinario: es una afirmación de presencia en una región donde las grandes potencias miden sus fuerzas en silencio. Moscú no ha explicado sus objetivos ni su duración, pero el tamaño del ejercicio habla por sí mismo en un momento de tensiones geopolíticas sostenidas.