En Santiago de Chile, juristas, académicos y diplomáticos de varios continentes se reunieron para enfrentar una pregunta que pesa sobre el orden mundial: ¿puede la ONU, nacida de la promesa de nunca más, seguir cumpliendo esa promesa ochenta años después? El seminario en la Universidad de Santiago no fue un acto de condena, sino un ejercicio colectivo de diagnóstico y búsqueda —el reconocimiento de que las instituciones que el mundo necesita son precisamente las que más urgentemente deben renovarse.
Expertos debaten en Chile sobre crisis de la ONU y propuestas de reforma
Una institución global necesaria requiere transformación
¿Por qué ahora? ¿Qué hizo que estos expertos decidieran reunirse precisamente en agosto de 2026?
La ONU lleva años mostrando sus límites. Conflictos que no puede detener, decisiones paralizadas en el Consejo de Seguridad, una estructura que no refleja el mundo actual. En algún momento, los académicos y juristas sienten que deben hablar públicamente.
¿Qué tiene de especial que haya representantes diplomáticos en la sala?
Significa que no es solo teoría. Cuando un embajador de Rusia o China está escuchando, las propuestas dejan de ser académicas. Se vuelven políticas. Alguien tiene que implementarlas.
¿Cree que la ONU puede realmente reformarse?
Esa es la pregunta que nadie responde directamente. La institución está diseñada de forma que los más poderosos pueden bloquear cualquier cambio que los debilite. Pero cuando juristas como Garcés, ganador del Nobel Alternativo, dicen que es urgente, algo está cambiando en la conversación global.
¿Qué diferencia hay entre lo que estos expertos proponen y lo que ya se ha intentado?
Las reformas anteriores fueron parciales, técnicas. Esta vez hay una crítica más profunda: la ONU no solo necesita ajustes, necesita reimaginarse para un mundo donde el poder está más distribuido.
¿Y si no cambia nada después de este seminario?
Entonces la ONU seguirá siendo lo que es: una institución respetada en el papel, cada vez más irrelevante en los conflictos que importan.
The Pulse
- La ONU enfrenta una crisis de legitimidad y eficacia que sus propios defensores ya no pueden ignorar: conflictos que no pudo prevenir ni detener acumulan evidencia contra su promesa fundacional.
- El seminario reunió en Santiago a voces del Sur Global, miembros permanentes del Consejo de Seguridad y juristas internacionales, creando una tensión productiva entre quienes diseñan las reglas y quienes las padecen.
- Figuras como el Nobel Alternativo Joan Garcés y el politólogo Atilio Borón pusieron sobre la mesa no solo críticas, sino propuestas concretas para modernizar estructuras que datan de 1945.
- La presencia diplomática de México, Rusia, Palestina, Sudáfrica, China y Cuba convirtió el debate académico en un espacio con peso político real, donde cualquier reforma tendría que negociarse.
- Las conclusiones del encuentro apuntan a influir en futuras iniciativas diplomáticas, con la esperanza de que un mundo multipolar encuentre en la ONU reformada una herramienta y no un obstáculo.
En Santiago de Chile, juristas, académicos y diplomáticos de varios continentes se reunieron para enfrentar una pregunta que pesa sobre el orden mundial: ¿puede la ONU, nacida de la promesa de nunca más, seguir cumpliendo esa promesa ochenta años después? El seminario en la Universidad de Santiago no fue un acto de condena, sino un ejercicio colectivo de diagnóstico y búsqueda —el reconocimiento de que las instituciones que el mundo necesita son precisamente las que más urgentemente deben renovarse.
El 26 de agosto, la Universidad de Santiago de Chile abrió sus puertas a una conversación que muchos consideran postergada demasiado tiempo: cómo devolver eficacia a una institución global que lleva ocho décadas intentando mantener la paz y que, según los convocados, está fallando en ese propósito. El Salón de Honor de la Usach fue el escenario de un seminario organizado por la Asociación de Juristas por la Democracia y la Comisión Chilena de Derechos Humanos.
Carlos Margotta, presidente de la asociación organizadora, fue directo al abrir los trabajos: la incapacidad de la ONU para detener conflictos globales no es un problema técnico menor, sino una amenaza al orden mundial. La organización nació de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial con una promesa solemne, y ocho décadas después esa promesa se ve cuestionada por guerras que no pudo prevenir ni resolver.
El encuentro reunió a voces de peso: el jurista Joan Garcés, galardonado con el Premio Nobel Alternativo en 1999; el sociólogo argentino Atilio Borón; los académicos Claudio Nash y Fernando Estenssoro; y desde Brasil, Breno Altman y Mónica Bruckmann. Claudia Rocca y Anjuli Tostes representaron a las asociaciones de juristas del continente.
Lo que distinguió al seminario fue la presencia activa de representantes diplomáticos de seis países: México, Rusia, Palestina, Sudáfrica, China y Cuba. Cada uno aportó una perspectiva distinta sobre cómo la ONU ha funcionado —o dejado de funcionar— en sus contextos. Palestina y Sudáfrica trajeron historias de conflictos donde la comunidad internacional no actuó con decisión; Rusia y China recordaron que cualquier reforma debe contar con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad; Cuba y México pusieron sobre la mesa la mirada del Sur Global sobre una institución percibida como diseñada por las potencias occidentales.
El debate no buscó condenar a la ONU sino transformarla: cómo modernizar estructuras de 1945, cómo hacer que una institución pensada para un mundo bipolar opere en uno multipolar. Las propuestas surgidas en Santiago podrían alimentar futuras iniciativas diplomáticas orientadas a fortalecer la gobernanza global.
En el corazón de Santiago, la Universidad de Santiago de Chile se convirtió el 26 de agosto en el escenario de una conversación que muchos consideran urgente: cómo reparar una institución global que lleva ochenta años intentando mantener la paz del mundo y, según los convocados, está fracasando en el intento. El seminario reunió a juristas, politólogos y académicos de varios continentes para examinar la crisis de eficacia de las Naciones Unidas y explorar qué reformas podrían devolverle capacidad operativa.
La Asociación de Juristas por la Democracia y la Comisión Chilena de Derechos Humanos organizaron el encuentro en el Salón de Honor de la Usach. Carlos Margotta, presidente de la asociación organizadora, abrió los trabajos con una advertencia clara: la incapacidad de la ONU para detener conflictos globales no es un problema técnico aislado, sino una amenaza que afecta a toda la humanidad. Cuando una institución creada específicamente para garantizar la paz y la seguridad internacional se muestra incapaz de cumplir esa función, dijo, el riesgo para el orden mundial es grave.
La ONU nació de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial con una promesa: nunca más. Ocho décadas después, esa promesa se ve cuestionada por conflictos que la organización no ha podido prevenir ni resolver. Los expertos convocados a Santiago no vinieron a celebrar lo que funciona, sino a diagnosticar lo que está roto y pensar en cómo arreglarlo.
Entre los participantes figuraba Joan Garcés, jurista internacional galardonado con el Premio Nobel Alternativo en 1999, cuya trayectoria lo ha colocado en el centro de debates sobre justicia internacional. También estuvieron presentes Atilio Borón, sociólogo y politólogo argentino de larga trayectoria académica; Claudio Nash, coordinador de la Cátedra de Derechos Humanos de la Universidad de Chile; y Fernando Estenssoro, académico de la institución anfitriona. Desde Brasil llegaron Breno Altman, fundador del portal de análisis Opera Mundi, y Mónica Bruckmann, académica de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Claudia Rocca, presidenta de la Asociación Americana de Juristas, y Anjuli Tostes, vicepresidenta de la Asociación de Juristas por la Democracia, completaron la nómina de expertos.
Lo que distinguió este seminario fue la presencia de representantes diplomáticos de seis países: México, Rusia, Palestina, Sudáfrica, China y Cuba. No eran observadores pasivos, sino actores con voz en el debate. Cada una de estas naciones tiene una perspectiva particular sobre cómo la ONU ha funcionado o dejado de funcionar en sus contextos específicos. Palestina y Sudáfrica traen historias de conflictos prolongados donde la comunidad internacional ha sido incapaz de actuar decisivamente. Rusia y China son miembros permanentes del Consejo de Seguridad, lo que significa que cualquier reforma debe contar con su participación. Cuba y México representan perspectivas del Sur Global sobre una institución que muchos ven como diseñada por y para las potencias occidentales.
El seminario no era un acto de protesta contra la ONU, sino un reconocimiento de que una institución global necesaria requiere transformación. Los participantes debatieron qué reformas podrían restaurar la capacidad de la organización para actuar en momentos de crisis, cómo modernizar estructuras que datan de 1945, y cómo hacer que una institución diseñada para un mundo bipolar funcione en un mundo multipolar. Las propuestas que surgieron de estos diálogos podrían influir en futuras iniciativas diplomáticas destinadas a fortalecer la gobernanza global y la capacidad de resolución de conflictos.
Notable Quotes
La crisis de eficacia de Naciones Unidas afecta al conjunto de la humanidad y su persistencia pone en grave riesgo la preservación de la paz y la seguridad internacional— Carlos Margotta, presidente de la Asociación de Juristas por la Democracia