Durante siglos, la humanidad ha imaginado el origen de la vida como un único instante fundacional. Un nuevo estudio publicado en Science Advances propone que las primeras células autónomas no emergieron una sola vez, sino dos: bacterias y arqueas habrían conquistado la independencia biológica por caminos separados, partiendo de un ancestro común que aún dependía de los minerales de su entorno para sobrevivir. Esta hipótesis no solo reescribe el relato del amanecer de la vida, sino que nos recuerda que incluso los comienzos más profundos pueden ser múltiples.