Durante una década, más de once mil adolescentes fueron observados mientras sus cerebros atravesaban una de las transformaciones más profundas de la vida humana. Lo que los investigadores encontraron no es una condena, sino una advertencia inscrita en el tiempo: quienes consumieron cannabis con THC vieron ralentizarse el florecimiento de su memoria, su lenguaje y su capacidad de aprender, precisamente cuando esas facultades más necesitaban crecer. En un momento en que los productos disponibles son más potentes que nunca, la ciencia pide que la sociedad proteja con mayor cuidado la ventana irre