En un momento en que la inteligencia artificial multiplica la sed energética del mundo y los conflictos geopolíticos sacuden los mercados de combustibles, los gestores de fondos vuelven la mirada hacia lo que el sol, las baterías y los cables pueden ofrecer. La transición energética, lejos de ser una promesa lejana, se convierte en una ecuación financiera concreta: Europa necesita 600.000 millones de euros en redes eléctricas antes de 2030, y el precio de las baterías ha caído un 77% en una década. La crisis, como tantas veces en la historia humana, abre grietas por donde se cuela la oportunid