En Irán, solo 25 latigazos separan una condena por violación de otra por cantar sin velo

Dos figuras públicas iraníes condenadas a castigos corporales: 99 latigazos para un actor acusado de violación y 74 para una cantante por actuar sin hiyab; además, ocho miembros del equipo de la cantante también fueron procesados.
Noventa y nueve latigazos versus setenta y cuatro: la diferencia entre una condena por violación y otra por cantar sin velo
Dos sentencias recientes en Irán revelan cómo el sistema judicial castiga la transgresión cultural casi con la misma severidad que delitos de violencia sexual.
Mark

¿Por qué estas dos sentencias generan tanta atención ahora?

Mimi

Porque ponen en números algo que activistas llevan años señalando: que el sistema judicial iraní castiga la transgresión cultural casi con la misma severidad que delitos de violencia sexual. Noventa y nueve latigazos versus setenta y cuatro es una diferencia pequeña.

Luke

Pero hay que ser precisos. Los cargos contra Jamshidi son por agresión sexual y violación, según la acusación. La sentencia es por esos cargos. No sabemos los detalles del proceso ni cómo el tribunal evaluó la evidencia.

Mimi

Correcto. Y en el caso de Ahmadi, la sentencia es clara: actuó sin hiyab en un video público. Eso está documentado. El tribunal consideró que eso atentaba contra la moral pública.

Mark

¿Qué pasa ahora con estas personas? ¿Cumplen las sentencias?

Mimi

Ahmadi no puede trabajar durante dos años y no puede salir del país durante dos años más. Jamshidi tiene que cumplir los latigazos. Ambos están en una situación de restricción severa.

Luke

Lo que no sabemos es si Jamshidi apelará, si hay más detalles del proceso que no se han hecho públicos, o cómo se ejecutarán exactamente estas sentencias. El sistema judicial iraní no siempre es transparente en esos detalles.

Mimi

Eso es verdad. Pero lo que sí podemos ver es el patrón: dos figuras públicas, dos castigos corporales, y una brecha moral entre lo que se castiga que es muy pequeña.

  • Un actor acusado de violación y una cantante que actuó sin hiyab recibieron castigos corporales separados por apenas veinticinco latigazos, desatando indignación dentro y fuera de Irán.
  • La joven actriz que denunció a Pejman Jamshidi asistió sola a cada audiencia, rechazó ofertas de compensación económica y esperó meses hasta que la sentencia —99 latigazos— fue finalmente notificada.
  • Parastoo Ahmadi publicó un video de 27 minutos cantando sin velo en un caravansar histórico; en menos de un día, ella y ocho colaboradores enfrentaban cargos penales.
  • El tribunal de Qom condenó a la cantante a 74 latigazos, dos años de prohibición artística y dos años sin poder salir del país, mientras su equipo completo también fue procesado.
  • Activistas y opositores señalan que el contraste entre ambas sentencias no es una anomalía, sino la expresión más clara de qué amenazas considera prioritarias el aparato judicial iraní.

En Irán, dos sentencias recientes han puesto en evidencia la arquitectura moral de un sistema judicial que mide sus prioridades en golpes: 99 latigazos para un actor acusado de violación, 74 para una cantante que actuó sin velo. La diferencia de apenas veinticinco azotes entre la agresión sexual y la transgresión religiosa no es un error de cálculo, sino un retrato fiel de cómo la República Islámica pondera el daño al cuerpo de una mujer frente al daño a sus normas sagradas. Estas dos condenas, dictadas contra figuras públicas en 2025 y 2026, han reavivado una pregunta que los activistas de derechos humanos llevan décadas formulando: ¿qué es lo que un Estado revela sobre sí mismo cuando castiga casi por igual la violencia sexual y el cabello descubierto?

En Irán, la distancia entre castigar una violación y castigar cantar sin velo se mide en apenas veinticinco latigazos. Dos sentencias recientes contra figuras públicas han convertido esa disparidad en un debate que sacude al país.

Pejman Jamshidi, actor y exfutbolista, fue detenido en octubre de 2025 tras la denuncia de una joven actriz que lo acusó de agresión sexual y violación. Quedó libre bajo fianza y el caso avanzó durante meses a través de audiencias en febrero y mayo de 2026. La denunciante compareció a todas las sesiones sin abogado y rechazó sistemáticamente los acuerdos económicos que le ofreció el equipo jurídico de Jamshidi. La sentencia finalmente emitida: 99 latigazos discrecionales. El caso había encendido antes un debate sobre el abuso de poder en los círculos artísticos iraníes, donde Jamshidi era conocido por su insistencia en buscar relaciones personales.

Parastoo Ahmadi, cantante de 29 años, inició su propio proceso judicial en diciembre de 2024, cuando publicó en YouTube un video de 27 minutos grabado en el histórico caravansar de Deir Gachin. Aparecía sin hiyab, cantando ante una audiencia mixta —ambas cosas prohibidas por las autoridades—. En menos de un día, ella y ocho miembros de su equipo enfrentaban cargos. El tribunal penal de Qom dictó su condena: 74 latigazos, dos años de inhabilitación artística y dos años de restricción para salir del país. Sus colaboradores también fueron condenados.

La comparación entre ambas sentencias ha intensificado las críticas de activistas y sectores opositores. Que una condena por violación resulte apenas un poco más severa que una por actuar sin velo no es percibido como un error, sino como una declaración de principios. Para quienes monitorean los derechos humanos en Irán, estos dos casos ilustran con precisión brutal qué tipo de transgresión considera el Estado suficientemente grave como para aplicar castigo corporal.

En Irán, la brecha entre lo que el sistema judicial castiga como delito sexual y lo que castiga como transgresión moral se mide en latigazos. Hace poco, dos sentencias dictadas contra figuras públicas iraníes pusieron esa disparidad en números concretos: 99 latigazos para un actor acusado de agresión sexual, 74 para una cantante que actuó sin velo. La diferencia, apenas veinticinco golpes, ha reavivado el debate sobre las prioridades del aparato judicial de la República Islámica.

Pejman Jamshidi, actor y exfutbolista, fue detenido el 21 de octubre de 2025 tras una acusación de agresión sexual y violación presentada por una joven actriz. Quedó en libertad bajo fianza días después. Durante 2026, el caso avanzó a través de varias audiencias, en febrero y mayo. La denunciante asistió a todas las sesiones sin representación legal y rechazó múltiples ofertas de acuerdo económico que le presentaron Jamshidi y su equipo jurídico. Hace poco, la demandante anunció que la sentencia ya había sido emitida y notificada formalmente: 99 latigazos discrecionales. El caso generó un debate público intenso en Irán sobre el abuso de poder y la influencia de las celebridades. Periodistas y profesionales del cine habían señalado antes que Jamshidi era conocido en ciertos círculos artísticos por su insistencia en buscar relaciones personales.

Parastoo Ahmadi, cantante de 29 años, enfrentó un proceso que comenzó en diciembre de 2024, cuando publicó un video de 27 minutos grabado en el histórico caravansar de Deir Gachin. En la grabación, que se difundió por YouTube, aparecía sin hiyab cantando ante lo que podría haber sido una audiencia mixta. Ambas cosas están prohibidas por las autoridades iraníes. Menos de un día después de la publicación, las autoridades presentaron cargos contra ella y contra ocho miembros de su equipo. Todos fueron detenidos y luego liberados bajo fianza. El tribunal penal de Qom dictó sentencia: 74 latigazos, dos años sin poder ejercer actividades artísticas, y dos años más sin poder abandonar el país. La Justicia consideró que Ahmadi había atentado contra la moral pública al difundir contenidos contrarios a las normas éticas y religiosas de la República Islámica. Los ocho integrantes de su equipo también fueron condenados.

La comparación entre ambas sentencias ha intensificado las críticas de activistas y sectores de la oposición iraní. Una condena por violación sexual resulta ser apenas un poco más severa que una condena por actuar sin velo. El contraste expone cómo el sistema judicial iraní calibra sus castigos: la transgresión cultural y religiosa recibe un peso casi equivalente al de la agresión sexual. Para quienes monitorean los derechos humanos en Irán, estas dos sentencias ilustran una realidad más amplia sobre qué es lo que el Estado considera amenaza suficiente para aplicar castigo corporal.

La denunciante aseguró haber acudido a todas las sesiones durante el último año sin representación legal y afirmó haber rechazado diversas propuestas de acuerdo económico
— La demandante en el caso contra Pejman Jamshidi
La Justicia consideró que la artista atentó contra la moral pública al difundir contenidos contrarios a las normas éticas y religiosas de la República Islámica
— Tribunal penal de Qom en sentencia contra Parastoo Ahmadi
Fale Conosco FAQ