En el corazón industrial de Texas, Elon Musk continúa trazando los contornos de un imperio autosuficiente: SpaceX anunció la construcción de Terafab, una megafábrica de semiconductores en el condado de Grimes que integrará bajo un mismo techo la producción de chips para vehículos eléctricos, robots y cohetes. Con una inversión inicial de US$16.800 millones y el respaldo del gobierno estatal, el proyecto encarna la vieja ambición humana de controlar cada eslabón de la cadena productiva, aunque no sin despertar las inquietudes de quienes habitan la tierra que lo recibirá.