"Ella no era ella": abuelo relata hallazgo de niño muerto por asfixia en San Justo

Izan Aguirre Mendoza, niño de seis años, falleció por asfixia mecánica provocada en su vivienda de San Justo.
Ella no era ella, era otra persona, parecía
El abuelo describe el estado de la madre cuando la encontró junto al cuerpo del niño.
Mark

¿Cómo describe alguien lo que vio en ese momento sin que las palabras sean suficientes?

Mimi

El abuelo buscaba explicar algo que escapaba a la lógica. Dijo que ella parecía poseída, que no era ella. Es la única forma que encontró de comunicar que la persona que veía no se comportaba como la conocía.

Mark

¿Qué significa que haya cabellos en las manos del niño?

Mimi

Que probablemente hubo una lucha. Que el pequeño resistió. Es uno de los pocos indicios físicos que sugiere lo que ocurrió no fue pasivo.

Mark

El abuelo defiende a la madre. ¿Por qué alguien haría eso en estas circunstancias?

Mimi

Porque la conocía. Porque la vio crecer, porque la consideraba parte de la familia. Tal vez porque lo que sucedió le parece tan incompatible con quien ella era que necesita creer que algo más estaba en juego.

Mark

¿Qué busca la fiscalía ahora?

Mimi

Evidencia. Mensajes en los teléfonos, imágenes de cámaras, testimonios de vecinos. Algo que cierre la brecha entre lo que pasó y por qué pasó.

Mark

¿Hay respuestas en este caso?

Mimi

Aún no. Solo preguntas y un niño que no volverá.

  • La autopsia eliminó toda ambigüedad: Izan no murió por causas naturales, sino por una fuerza externa que le quitó el aire.
  • Los cabellos encontrados en las manos del niño sugieren que hubo resistencia, un detalle que los investigadores tratan como evidencia silenciosa de sus últimos momentos.
  • La madre, hallada junto al cuerpo en estado disociativo según el abuelo, insistía en no recordar nada y describía al niño hablando 'con voz de demonio', declaraciones que complican el perfil del caso.
  • El abuelo defiende públicamente a la sospechosa, niega antecedentes de maltrato y rechaza rumores en redes sociales, añadiendo una capa de tensión familiar a la investigación judicial.
  • La fiscalía avanza en múltiples frentes —dispositivos electrónicos, cámaras de vigilancia, testimonios vecinales— mientras los estudios bioquímicos y anatomopatológicos aún no están completos.

En San Justo, la muerte de Izan Aguirre, un niño de seis años, ha quedado confirmada como asfixia mecánica provocada, convirtiendo lo que comenzó como una visita de preocupación familiar en el centro de una investigación por homicidio. Su madre, de 22 años, permanece detenida mientras la justicia intenta reconstruir lo que ocurrió en el interior de una vivienda que guardó silencio ante quienes llamaban desde afuera. En el dolor de un abuelo que defiende a la sospechosa y en los cabellos hallados en las manos del niño, la investigación busca respuestas que la ciencia forense apenas comienza a articular.

Juan Aguirre fue a la casa de su nuera en San Justo porque nadie contestaba el teléfono. Su esposa había intentado primero, golpeando la puerta sin éxito. Cuando él entró, encontró a su nieto Izan, de seis años, sin vida sobre una cama, junto a su madre.

Lo que vio en el rostro de la joven lo marcó. Ella parecía ausente, como si no habitara su propio cuerpo. Le decía que no sabía qué había pasado, que no había sido ella. Mencionaba que el niño hablaba con una voz extraña, como un demonio. El abuelo, días después, buscaba palabras para describir algo que escapaba a su comprensión.

La necropsia fue categórica: muerte violenta por asfixia mecánica provocada. En las manos de Izan se hallaron cabellos, un indicio que los investigadores analizan como posible señal de resistencia. Aún restan estudios bioquímicos y anatomopatológicos, pero la causa de muerte ya estaba establecida.

La madre permanece detenida como principal sospechosa. La fiscal Daniela Montegrosso, con apoyo de la Unidad Fiscal Especial de Homicidios de Santa Fe, analiza dispositivos electrónicos, testimonios de vecinos y imágenes de cámaras de vigilancia para reconstruir lo ocurrido.

Aguirre salió a defender a la madre de su nieto. Negó antecedentes de maltrato, aseguró que la relación entre ella e Izan era normal y rechazó los rumores sobre consumo de drogas que circulaban en redes sociales. Cuando se le preguntó si alguien más pudo haber estado involucrado, respondió con cautela: solo sabía que algo había sucedido entre ellos dos, en ese espacio cerrado. La pregunta de qué pasó realmente dentro de esa casa sigue sin respuesta.

Juan Aguirre llegó a la casa de su nuera en San Justo porque nadie respondía sus llamadas. Su esposa había ido primero, golpeando la puerta sin obtener respuesta. Luego él fue. Empujó la puerta, entró, y encontró a su nieto Izan de seis años sin vida, tendido en una cama junto a su madre.

Lo que vio en el rostro de la madre lo perturbó profundamente. Cuando le preguntó qué había pasado, ella parecía no estar presente en su propio cuerpo. "Ella no era ella, era otra persona", recordó Aguirre días después, buscando palabras para describir algo que desafiaba su comprensión. La mujer de 22 años insistía en que no sabía qué había ocurrido, que no era ella quien lo había hecho. Aguirre la describió como si estuviera poseída, como si alguien más habitara su piel. Dijo que ella mencionaba que el niño hablaba con una voz extraña, como un demonio, algo que ninguno de ellos podía entender.

La necropsia fue concluyente: Izan murió por asfixia mecánica provocada. Los forenses determinaron que se trataba de una muerte violenta. En las manos del niño encontraron cabellos, un detalle que los investigadores están analizando como posible evidencia de que el pequeño resistió durante lo que sucedió. Aún faltan estudios bioquímicos y anatomopatológicos para completar el cuadro forense, pero la causa de muerte ya estaba establecida.

La madre permanece detenida como principal sospechosa. La fiscal Daniela Montegrosso, con apoyo de la Unidad Fiscal Especial de Homicidios de Santa Fe, continúa recolectando pruebas: análisis de dispositivos electrónicos, testimonios de vecinos, revisión de cámaras de videovigilancia de la zona. Todo apunta a lo que ocurrió dentro de esa vivienda, aunque los detalles exactos aún no están claros.

Aguirre se apresuró a defender a la madre de su nieto en los días posteriores al hallazgo. Negó categóricamente que hubiera antecedentes de maltrato o violencia hacia Izan. Aseguró que nunca presenció situaciones de abuso, que la relación entre ella y el niño era normal, que ella era como una hija para la familia. También rechazó los rumores que circulaban en redes sociales sobre consumo de drogas, expresando su dolor por las acusaciones sin fundamento que extraños lanzaban contra una mujer a la que ni siquiera conocían.

Cuando se le preguntó si otra persona podría haber estado involucrada, Aguirre fue cauteloso. No podía afirmar nada con certeza. Solo sabía que algo había sucedido entre ellos dos en ese espacio cerrado, pero los detalles permanecían ocultos. La investigación continúa, los análisis avanzan, y la pregunta de qué pasó realmente dentro de esa casa sigue sin respuesta definitiva.

Cuando yo la vi, le hablaba y le decía: ¿Qué hiciste, Rocío?. Y ella no era ella, era otra persona, parecía
— Juan Aguirre, abuelo paterno del niño
No hay nada que indique un maltrato o una violencia de parte de ella. Jamás nosotros vimos maltrato de ella ni de ningún integrante de la familia. Es más, ella era como nuestra hija
— Juan Aguirre
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