En los hogares modernos, la lentitud del WiFi rara vez nace en los servidores del proveedor, sino en la convivencia silenciosa entre el router y los objetos cotidianos que lo rodean. Microondas, lavadoras, neveras y hasta los propios muros actúan como rivales invisibles de la señal inalámbrica, absorbiendo, rebotando o compitiendo con las ondas que sostienen nuestra vida conectada. Es un recordatorio de que incluso la tecnología más intangible sigue siendo prisionera del mundo físico.