Un vehículo consumido por las llamas en el arcén de una carretera española fue el punto de partida de un incendio forestal que, en pocas horas, interrumpió el pulso de dos de las autopistas más transitadas del país en pleno verano. Lo que comenzó como un accidente menor se convirtió en una prueba de la fragilidad de las infraestructuras humanas ante el fuego, el viento y la roca, recordándonos que la naturaleza no distingue entre la urgencia de los viajeros y la lentitud con que arden los bosques.
El viento y el terreno rocoso complican la extinción del incendio de Navas de San Antonio
El incendio afectó la circulación de miles de vehículos con cortes de hasta veinte kilómetros en las autopistas principales durante varias horas.