El verdadero obstáculo de la IA en empresas: la falta de datos de calidad

Sin datos de calidad, la IA devuelve basura multiplicada
El verdadero obstáculo para que las empresas aprovechen la inteligencia artificial no es la tecnología, sino la calidad de la información con la que trabajan.
Mark

¿Por qué solo el 21 % de las empresas españolas usa IA si la tecnología ya existe y es accesible?

Mimi

Porque no es un problema de acceso a la tecnología. Es que muchas empresas no tienen los datos limpios y organizados que necesita la IA para funcionar bien. Si tus datos son un desastre, la IA amplifica ese desastre.

Luke

Pero espera, ¿ese 21 % incluye a empresas que solo están experimentando en piloto, o son empresas que realmente han integrado IA en operaciones reales?

Mimi

Buena pregunta. Serrano distingue entre adopción real y pruebas. Hay empresas que van más rápido, las que empezaron antes, las que tenían cultura digital. Otras siguen en modo piloto.

Mark

Entonces, ¿el problema es que las empresas no saben cómo empezar?

Mimi

Es más profundo. Muchas no tienen una estrategia clara. Hacen un curso y creen que ya está. Pero además, sus datos están mal recogidos, mal almacenados. Hay casos donde solo el 9 % de los datos de clientes están bien.

Luke

¿Ese 9 % es un dato verificado o es una estimación de Serrano basada en casos que ha visto?

Mimi

Es un ejemplo que él pone sobre la mesa. No es una estadística general, es una realidad que ha observado en empresas concretas.

Mark

¿Y la regulación europea ayuda o complica las cosas?

Mimi

Complica, al menos para las pymes. Adaptarse al reglamento puede costar 300.000 euros. Es un esfuerzo importante.

Luke

¿Esos 300.000 euros son un coste estimado por la UE o es lo que realmente gastan las pymes?

Mimi

Es una estimación de la Unión Europea. El coste real depende del tamaño de la empresa y de cuánta IA ya hayan implantado.

Mark

Entonces, ¿cuál es el primer paso que debería dar una empresa ahora?

Mimi

Limpiar sus datos. Eso es lo fundamental. Sin eso, cualquier herramienta de IA será inútil. Es como tener un Ferrari pero sin combustible adecuado.

  • Solo el 21% de las empresas españolas con más de diez empleados usa IA, una cifra que contrasta con la urgencia casi apocalíptica del debate público sobre la tecnología.
  • El verdadero cuello de botella no es el acceso a herramientas sino la calidad de los datos: algunas compañías tienen apenas el 9% de su información de clientes correctamente organizada.
  • Las pymes se encuentran atrapadas en fases piloto mientras las grandes empresas avanzan, ampliando una brecha digital que la propia adopción de IA amenaza con profundizar.
  • Tres errores sistémicos frenan el avance: ausencia de estrategia clara, falta de formación continua y subestimación crónica del valor del dato bien gestionado.
  • La regulación europea, aunque necesaria como marco de seguridad, impone costes estimados de 300.000 euros para una pyme, generando el riesgo de que la norma se convierta en otro obstáculo antes que en un impulso.

En un momento en que la inteligencia artificial domina el discurso tecnológico global, las empresas españolas revelan una realidad más sobria: solo una de cada cinco ha dado el paso, y el obstáculo no es la sofisticación de las herramientas, sino la fragilidad de los cimientos sobre los que descansan. Los datos —mal recogidos, mal organizados, mal custodiados— se han convertido en el espejo que refleja décadas de descuido estructural en la gestión de la información. La promesa de los superpoderes digitales existe, pero permanece condicionada a una disciplina más antigua y menos glamurosa: saber qué se sabe, y cuidarlo.

La inteligencia artificial está llegando a las empresas españolas, pero no con la velocidad ni la uniformidad que sugieren los titulares. Solo el 21% de las compañías con más de diez empleados la utiliza, y el avance es profundamente desigual: quienes invirtieron antes en cultura digital corren más rápido, mientras las pequeñas y medianas empresas siguen atrapadas en pilotos y experimentos.

Enrique Serrano, CEO de Tinámica y presidente de la Comisión de IA y Economía del Dato de AMETIC, describe la tecnología como una extensión de capacidades humanas —memoria ampliada, análisis acelerado, acceso a volúmenes de información antes inimaginables— pero advierte que esos superpoderes solo funcionan sobre cimientos sólidos. Y ahí está el problema real: no en la tecnología, sino en los datos que la alimentan.

Algunas empresas tienen apenas el 9% de sus datos de clientes bien organizados. Serrano lo resume sin rodeos: si le das información de mala calidad a la IA, obtienes resultados multiplicados de esa mala calidad. Las deficiencias no son anecdóticas; son estructurales, y afectan a cómo se recoge, almacena y gestiona la información en el día a día.

Serrano identifica tres errores recurrentes: acercarse a la IA sin estrategia definida, confiar en formaciones puntuales en lugar de un aprendizaje continuo, y no reconocer el dato como activo estratégico. La pregunta que lanza es directa: ¿de qué sirve un Ferrari si no le echas el combustible adecuado?

A todo esto se suma la regulación europea, que Serrano compara con un código de circulación: necesaria, pero con riesgo de volverse excesiva. Adaptarse al reglamento europeo de IA puede costar a una pyme alrededor de 300.000 euros, una cifra que ilustra la tensión entre proteger y facilitar. El reto, concluye, es simplificar normas, eliminar duplicidades y hacer que el marco regulatorio sea un aliado de la adopción, no un nuevo obstáculo.

La inteligencia artificial está llegando a las empresas españolas, pero no de la manera que sugieren los titulares. Solo el 21 % de las compañías con más de diez empleados la utiliza, y el avance es desigual: algunas avanzan rápido mientras otras apenas experimentan en pilotos. El verdadero problema no es la tecnología misma, sino algo mucho más básico y estructural: la calidad de los datos con los que trabajan.

Enrique Serrano, CEO de Tinámica y presidente de la Comisión Inteligencia Artificial y Economía del Dato de AMETIC, lo explica con una metáfora clara. La IA no te reemplaza en tu trabajo, sino que amplía lo que puedes hacer. Te da una memoria más grande, acceso a volúmenes enormes de información, y la capacidad de analizar más rápido. Es como trabajar con superpoderes que hace poco no estaban al alcance de cualquiera. Pero esa expansión de capacidades solo funciona si tienes los cimientos correctos.

La realidad en las empresas es mucho menos espectacular que el discurso público. No hay una adopción masiva, sino un despliegue selectivo. Las compañías que empezaron antes, que invirtieron en cultura digital, avanzan más rápido. Las pequeñas y medianas empresas siguen en modo prueba o piloto. Hay avances, pero también mucho camino por recorrer. En las pymes, la IA entra principalmente en procesos de marketing o comerciales. Las grandes empresas pueden abordar automatizaciones más amplias. Pero en ambos casos, el obstáculo real es el mismo.

Serrano lo plantea sin rodeos: la inteligencia artificial se alimenta de datos, y si le das información de mala calidad, devuelve resultados multiplicados de esa mala calidad. El cuello de botella no está en la tecnología, sino en la información con la que trabajan las empresas. Muchas siguen siendo insuficientes o poco fiables. Algunas compañías tienen solo el 9 % de sus datos de clientes bien organizados. Eso no es un problema menor ni aislado; es una de las razones principales por las que la IA no despliega todo su potencial en el tejido empresarial. Las deficiencias estructurales en cómo se recogen, almacenan y gestionan los datos condicionan cualquier intento de avanzar.

Esta situación también explica por qué la adopción no es homogénea. Las empresas más grandes o las que empezaron antes a trabajar con datos han conseguido integrar estas herramientas en procesos concretos. Otras siguen en fases muy iniciales. En las pymes, esa distancia es todavía más evidente. Muchas están empezando con lo básico, aunque el acceso a la IA no exige inversiones tan elevadas como podría pensarse. El problema no es tanto de acceso como de enfoque.

Serrano identifica tres errores habituales. El primero: las empresas se acercan a la IA sin una estrategia clara, sin saber qué quieren hacer ni para qué. El segundo: la falta de formación continua. Un curso no es suficiente; hay que ir al gimnasio de la IA de forma recurrente para actualizar conocimientos. El tercero, de nuevo, es el dato. No se le está dando la importancia que tiene. Hay procesos de recogida de información todavía manuales, sin garantías de calidad. La pregunta es simple: ¿de qué te sirve un Ferrari si no le echas el combustible adecuado?

La regulación europea añade otra capa de complejidad. Serrano la compara con un código de circulación: un marco necesario para evitar riesgos y ordenar el uso de una tecnología que, mal empleada, puede tener consecuencias importantes. Pero ese equilibrio no siempre es sencillo. Existe el riesgo de caer en una sobrerregulación que complique la adopción, especialmente en pequeñas y medianas empresas. Adaptarse al reglamento europeo de inteligencia artificial puede suponer una inversión significativa. La Unión Europea estima un coste medio de unos 300.000 euros para una pyme, una cifra que da una idea del esfuerzo que puede implicar. El reto, en su opinión, está en simplificar y coordinar las normas existentes, evitando duplicidades y facilitando su aplicación práctica.

La inteligencia artificial amplía tus capacidades: incrementas tu memoria, tu capacidad retentiva, tienes acceso a un volumen ingente de información y te permite analizar más rápido
— Enrique Serrano, CEO de Tinámica
¿De qué te sirve un Ferrari si no le echas el combustible adecuado?
— Enrique Serrano, refiriéndose a la importancia de la calidad de datos
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