El Niño traería lluvias hasta 90% superiores a lo normal en diciembre

Cada semana hacia diciembre será más difícil; hay que evitar cuellos de botella
Elorriaga advierte sobre la acumulación de operaciones críticas bajo lluvia intensa en la región agrícola núcleo.
Mark

¿Por qué importa tanto que llueva 90% más en diciembre si el agua es lo que los cultivos necesitan?

Mimi

Porque el agua sin tiempo es un problema. Si llueve cada tres días, no hay ventana para entrar con maquinaria. El trigo se cosecha, la soja se siembra, el maíz se planta, todo al mismo tiempo, bajo lluvia.

Mark

¿Qué pasó en 2015/16 que los especialistas lo usan como referencia?

Mimi

Ese Niño fue intenso y largo. Las lluvias de abril destruyeron seis millones de toneladas de soja. Pero esta vez, según los modelos, El Niño se debilitará antes, en abril. Eso es una diferencia crucial.

Mark

¿El maíz tardío es realmente tan frágil?

Mimi

En su nacimiento sí. Si el suelo está anegado cuando germina, muere. Y esta vez la siembra coincide exactamente con el pico de El Niño. Es mala suerte de calendario.

Mark

¿Qué pueden hacer los productores ahora?

Mimi

Adelantar. Sembrar maíz en agosto o principios de septiembre, antes de que El Niño se instale. Es una apuesta, pero menos riesgosa que esperar.

Mark

¿Cuán seguro es este pronóstico?

Mimi

Se basa en 50 años de datos y diez modelos climáticos. Pero El Niño es un sistema caótico. Los números son sólidos, pero la naturaleza siempre tiene sorpresas.

  • La anomalía térmica del océano Pacífico ya alcanza 1,8 grados sobre lo normal y sigue creciendo, señal de que El Niño se intensificará justo cuando los lotes más lo necesitan secos.
  • El verdadero peligro no es el volumen total de agua sino su recurrencia: ventanas operativas cada vez más estrechas podrían paralizar cosechadoras y sembradoras en los momentos más críticos del calendario agrícola.
  • Noviembre se perfila como el mes de mayor tensión, con la cosecha de trigo y las siembras de soja de segunda y maíz tardío compitiendo simultáneamente contra suelos saturados y lluvias que no darán tregua.
  • El maíz tardío es el cultivo más expuesto: su germinación coincidirá con el pico del fenómeno, y los anegamientos en etapas tempranas pueden comprometer toda la campaña antes de que la planta tenga oportunidad de establecerse.
  • Adelantar las siembras de maíz a fines de agosto o principios de septiembre emerge como la estrategia más concreta para esquivar el peor escenario, aunque exige decisiones inmediatas que muchos productores aún no han tomado.

Cuando la naturaleza impone su calendario, los campos más productivos de Argentina deben aprender a escucharla. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta que El Niño alcanzará su pico de intensidad entre octubre y diciembre de 2026, precisamente cuando la región agrícola núcleo enfrenta sus labores más sensibles: la cosecha de trigo y las siembras de soja y maíz tardío. Las precipitaciones podrían superar en un 90% los registros históricos de diciembre, evocando el evento de 2015/16 que costó seis millones de toneladas de soja. La pregunta no es si lloverá, sino si el campo estará listo para responder.

La Bolsa de Comercio de Rosario modeló un escenario climático que podría redefinir el trimestre final del año para la agricultura argentina. Sus proyecciones indican que octubre traerá lluvias un 30% por encima de lo normal, noviembre un 70% más y diciembre un 90% superior al promedio histórico. El motor de este fenómeno es El Niño, cuya fase oceánica comenzó en junio y ahora empieza a acoplarse con la atmósfera, lo que intensificará sus efectos precisamente durante las operaciones más delicadas del campo.

El análisis se apoya en 36 estaciones meteorológicas propias, diez modelos climáticos internacionales y medio siglo de registros de precipitaciones. Alfredo Elorriaga, consultor de la entidad, explicó que el modelo relaciona el comportamiento histórico de las lluvias con las anomalías de temperatura superficial del Pacífico, que ya marcan 1,8 grados sobre lo normal, frente a 1,25 grados registrados apenas un mes atrás.

Lo que más inquieta a los especialistas no es la cantidad de agua sino su distribución. Las lluvias se repetirían con intervalos muy cortos, dejando ventanas mínimas para que las máquinas ingresen a los lotes. El período más crítico llegará a fines de noviembre, cuando habrá que cosechar trigo y sembrar soja de segunda y maíz tardío al mismo tiempo. Este último cultivo es especialmente vulnerable: su germinación coincidirá con el pico del fenómeno, y los anegamientos en etapas tempranas pueden ser devastadores.

Elorriaga comparó el evento con El Niño de 2015/16, que provocó la pérdida de seis millones de toneladas de soja en Argentina. Sin embargo, señaló una diferencia clave: mientras aquel episodio se extendió hasta abril de 2016 con lluvias y calor que dañaron la cosecha gruesa, las proyecciones actuales apuntan a que en abril el sistema climático se acercará a la neutralidad, lo que podría limitar el daño en la etapa final de la campaña.

Frente a este panorama, la recomendación más concreta es adelantar las siembras de maíz a fines de agosto o principios de septiembre para evitar que la germinación coincida con el pico de precipitaciones. La advertencia implícita es clara: cada semana de demora estrecha las opciones, y los cuellos de botella operacionales podrían resultar tan costosos como el exceso de agua mismo.

La Bolsa de Comercio de Rosario ha modelado un escenario climático que podría transformar los últimos tres meses del año en la región agrícola más productiva del país. Según sus cálculos, octubre traería lluvias un 30% por encima de lo normal, noviembre un 70% más, y diciembre alcanzaría un aumento del 90%. El fenómeno de El Niño, ya en desarrollo, alcanzará su máxima intensidad precisamente cuando los campos enfrenten sus operaciones más delicadas: la cosecha de trigo y las siembras de soja y maíz tardío.

El análisis proviene de la Guía Estratégica para el Agro, un sistema que la institución rosarina perfeccionó a partir de herramientas desarrolladas en 2023. El trabajo se sustenta en datos de 36 estaciones meteorológicas propias, diez modelos climáticos internacionales y medio siglo de registros de precipitaciones. Alfredo Elorriaga, consultor de la entidad, explicó que el modelo estadístico predictivo relaciona el comportamiento histórico de las lluvias con los valores de calentamiento mensual del océano Pacífico. La temperatura superficial del Pacífico ya muestra una anomalía de 1,8 grados por encima de lo normal, una cifra que ha crecido desde 1,25 grados hace apenas un mes.

Lo que preocupa a los especialistas no es solo la cantidad de agua que caerá, sino su distribución temporal. Las precipitaciones podrían repetirse con intervalos muy cortos, dejando ventanas estrechas para que los maquinistas entren en los lotes. Elorriaga advirtió que la recurrencia de las lluvias será particularmente alta en este evento. Cuando octubre comience con las siembras de soja de primera, el trabajo ya estará bajo presión. Para fines de noviembre, la situación se tornará crítica: simultáneamente habrá que cosechar trigo y sembrar soja de segunda y maíz tardío. El maíz tardío resulta especialmente vulnerable porque su germinación coincidirá con el pico de intensidad de El Niño, y el cultivo es sensible a los anegamientos en sus primeras etapas. La soja, por su parte, puede sufrir endurecimiento de la superficie del suelo cuando llueve abundantemente, lo que dificulta la emergencia de las plantas.

Los especialistas proyectan que El Niño alcanzará una intensidad máxima inferior a 2,5 grados, aunque trabajan con un rango de incertidumbre entre 2 y 3 grados. Elorriaga señaló que el evento se asemejará al de 2015/16, cuando el océano llegó a 2,8 grados. Esa comparación no es casual: en 2015/16, las lluvias abundantes y las temperaturas elevadas de abril provocaron una pérdida de seis millones de toneladas de soja en Argentina. Sin embargo, la evolución esperada esta vez es diferente. Mientras que en 2016 El Niño se extendió hasta abril, las proyecciones actuales muestran que en abril estaremos cerca de la neutralidad climática.

El fenómeno también traerá consigo temperaturas más altas. El invierno de 2015 fue el más cálido de los últimos 60 años durante el anterior evento, y es probable que este año el final del invierno sea moderado por El Niño. Además, podrían registrarse olas de calor durante el verano, como ocurrió en enero de 2024 con episodios de temperaturas muy elevadas. Frente a este panorama, Elorriaga consideró que adelantar las siembras de maíz a fines de agosto o principios de septiembre podría ser una estrategia válida para evitar coincidir con el pico de precipitaciones.

La fase oceánica de El Niño se inició en junio, pero recién ahora la atmósfera comienza a acoplarse al sistema oceánico, lo que significa que los efectos se sentirán con mayor intensidad en los próximos meses. El cálculo de la BCR contempla únicamente la influencia del fenómeno sobre las lluvias de la región central, sin incluir otros factores regionales o globales que podrían modificar las proyecciones. Aun así, los números son claros: cada semana que avance hacia diciembre, las condiciones en el campo se volverán más complicadas. La recomendación implícita es no postergar nada, porque los cuellos de botella operacionales podrían ser tan costosos como el exceso de agua.

La fase oceánica se inició en junio, pero ahora la atmósfera comienza a acoplarse al sistema oceánico. Por eso vamos a empezar a sentir sus efectos.
— Alfredo Elorriaga, consultor de la Guía Estratégica para el Agro
Hay que entender que, por la particular dinámica que se prevé para este Niño, la recurrencia de las precipitaciones puede ser muy alta.
— Alfredo Elorriaga
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