El James Webb detecta cientos de 'puntos rojos' que podrían ser estrellas supermasivas primitivas

Quizá no sea la firma muerta de una estrella, sino un astro colosal aún activo
Nandal sugiere que los puntos rojos del James Webb podrían ser estrellas supermasivas aún activas.
Mark

Empecemos por lo básico: ¿qué son estos puntos rojos?

Mimi

Objetos muy compactos y rojizos que el James Webb ha visto por cientos en el universo temprano, dentro de los primeros 2.000 millones de años. Su tamaño y brillo no encajan bien con las galaxias que esperábamos.

Mark

¿Y qué se pensaba al principio?

Mimi

Que eran núcleos galácticos activos, con agujeros negros devorando materia. Pero son muy pequeños y no tienen una señal clara de rayos X.

Luke

Conviene precisar: eso descarta en parte esa explicación, no del todo. El texto habla de dudas, no de un veredicto.

Mark

Entonces entran Nandal y Loeb.

Mimi

Sí. Proponen estrellas supermasivas de Población III, de decenas de miles hasta casi un millón de masas solares, hechas de hidrógeno y helio.

Luke

Y son estrellas hipotéticas. Lo que se ha hecho es comparar un modelo teórico con dos objetos, MoM-BH*-1 y The Cliff. Dos de cientos, y el propio estudio dice que solo «algunos» podrían serlo.

Mark

¿Qué papel juega la señal en V?

Mimi

Se había atribuido al polvo. El modelo dice que podría surgir en la atmósfera de la estrella.

Luke

Que el modelo la reproduzca es compatible con la idea, pero no la demuestra. Falta confirmación observacional independiente.

Mark

Entonces, ¿qué está en juego?

Mimi

Entender de dónde vienen los primeros agujeros negros supermasivos.

  • Cientos de puntos rojos compactos desconciertan a los astrónomos porque no encajan con los modelos conocidos de galaxias primitivas.
  • La falta de rayos X debilita la hipótesis de los núcleos galácticos activos y deja el enigma en tensión.
  • Devesh Nandal y Avi Loeb proponen estrellas supermasivas de Población III, de decenas de miles hasta casi un millón de masas solares.
  • Una depresión en forma de V en el espectro podría ser la firma directa de una estrella colosal todavía activa.
  • Si se confirma, el hallazgo podría revelar cómo nacieron los primeros agujeros negros supermasivos.

En los confines del universo temprano, el telescopio James Webb ha encontrado cientos de pequeños puntos rojos cuyo brillo y tamaño desafían las explicaciones habituales sobre las primeras galaxias. Mientras algunos científicos sospechaban de agujeros negros rodeados de materia, la ausencia de rayos X dejó la pregunta abierta. Un nuevo modelo sugiere que podrían ser estrellas gigantescas, formadas por hidrógeno y helio casi puros, que quizá sean el eslabón perdido hacia los primeros agujeros negros supermasivos. Si la hipótesis resiste el escrutinio, el cosmos habría guardado en esos destellos el recuerdo de su infancia más remota.

El telescopio James Webb ha encontrado en el universo temprano cientos de objetos rojizos y extremadamente compactos que los astrónomos llaman «pequeños puntos rojos». Existieron dentro de los primeros 2.000 millones de años tras el Big Bang, y su tamaño y brillo no encajan con los modelos habituales de galaxias primitivas.

Al principio se pensó que eran núcleos galácticos activos, regiones dominadas por agujeros negros que devoran materia. Sin embargo, son demasiado pequeños y carecen de la señal clara de rayos X que delataría ese festín cósmico.

Devesh Nandal y Avi Loeb, del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, propusieron una alternativa publicada en The Astrophysical Journal: algunos puntos rojos serían estrellas supermasivas de la primera generación, casi sin metales. Al agotar su combustible, colapsarían en los primeros agujeros negros supermasivos.

El modelo encaja con dos objetos observados por el JWST, MoM-BH*-1 y The Cliff. Además, la depresión en V de su espectro, atribuida hasta ahora al polvo, podría originarse en la propia atmósfera estelar. Nandal sugiere que no se trata de la huella muerta de una estrella, sino de un astro colosal aún activo.

El telescopio espacial James Webb ha encontrado en el universo temprano cientos de objetos rojizos y extremadamente compactos que los astrónomos llaman «pequeños puntos rojos». Su tamaño y su brillo no encajan del todo con los modelos habituales de galaxias primitivas, y eso los ha convertido en uno de los hallazgos más desconcertantes del observatorio.

Según las observaciones, estos cuerpos existieron dentro de los primeros 2.000 millones de años tras el Big Bang. El lead del estudio los vincula con estrellas nacidas muy pronto en esa historia, y los presenta como posibles precursoras de los primeros agujeros negros.

La primera lectura que hicieron varios equipos científicos fue que se trataba de núcleos galácticos activos: regiones dominadas por agujeros negros que devoran materia y liberan enormes cantidades de energía. Pero las observaciones levantaron dudas. Los objetos son demasiado pequeños y no muestran una señal clara de rayos X, una de las huellas típicas de un agujero negro que acreta materia.

Ante esas inconsistencias, Devesh Nandal y Avi Loeb, del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, desarrollaron un modelo alternativo, publicado en The Astrophysical Journal. Proponen que algunos de estos puntos rojos serían estrellas supermasivas formadas en el universo primitivo, compuestas casi solo por hidrógeno y helio.

Esas estrellas hipotéticas pertenecerían a la Población III, la primera generación estelar surgida tras el Big Bang. Los modelos indican que algunas podrían alcanzar masas extraordinarias, desde decenas de miles hasta cerca de un millón de veces la del Sol. Al agotar su combustible nuclear, su colapso daría origen a los primeros agujeros negros supermasivos.

El equipo contrastó su modelo teórico con dos objetos detectados por el JWST, llamados MoM-BH*-1 y The Cliff. Según los resultados, una estrella supermasiva sin metales podría reproducir tanto el brillo extremo como ciertas características de sus espectros de luz. Eso refuerza la idea de que los puntos rojos podrían esconder estrellas gigantes en sus últimos momentos de vida.

Uno de los rasgos más peculiares de estos objetos es una depresión en forma de V en su espectro. Algunos estudios la atribuyeron al polvo interestelar, que absorbe la luz y da el tono rojizo. El nuevo modelo plantea otra explicación: la señal podría generarse directamente en la atmósfera de la estrella supermasiva.

«Si estos pequeños puntos rojos no muestran rayos X ni líneas metálicas, y si las estrellas supermasivas pueden formarse y existir, entonces hemos demostrado que tales estrellas producirían naturalmente las características observadas», explicó Nandal. Según el investigador, quizá no se esté viendo «la firma muerta de una estrella», sino un astro colosal todavía activo.

Si la hipótesis se confirma, la señal en V podría ser la pista para entender cómo surgieron los primeros agujeros negros supermasivos.

Hemos demostrado que tales estrellas producirían naturalmente las características observadas.
— Devesh Nandal, investigador del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian
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