A sus 71 años, el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga nos recuerda que la humanidad no es el destino del cosmos sino su accidente más extraordinario: una especie moldeada por la solidaridad tanto como por la selección natural, capaz de matar por símbolos y de redimirse por el humor y la belleza. En su último libro y en conversación íntima, este 'niño preguntón' madrileño tiende un puente entre la ciencia de los fósiles y la filosofía de la existencia, invitándonos a celebrar que estamos aquí en lugar de lamentarnos por no ser necesarios.