En un momento en que la inteligencia artificial empuja la demanda de electricidad hacia territorios hasta ahora apenas tocados por ella, el Gobierno de España ha reescrito la norma que ordenará los centros de datos, tras escuchar a más de seiscientos actores y a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. La nueva versión busca un equilibrio incómodo: aliviar a las instalaciones medianas y dar tiempo a los gigantes digitales, a cambio de que la red eléctrica pueda apagarlos sin pagar nada cuando la seguridad del sistema esté en juego. Es la vieja disyuntiva de toda infraestructura e
El Gobierno da tregua a los centros de datos a cambio de poder desconectarlos si peligra la red
La primera tipología en ser desconectada
¿Cuál es el cambio principal respecto al primer borrador?
Que el umbral sube de 1 a 10 MW. Los centros medianos, los que sostienen el 5G, la banca o la sanidad, quedan fuera de las obligaciones renovables más duras.
¿Y qué ganan los grandes?
Una moratoria de cinco años: un 60% renovable en horas punta hasta 2028 y un 70% desde 2029, en lugar del 80% hora a hora desde el primer día.
Pero no es gratis. ¿Qué entregan a cambio?
Entrar en el SRAP. Red Eléctrica podrá ordenarles reducir su consumo a cero, sin retribución, y serán los primeros en ser desconectados.
¿Pueden reclamar daños si les cortan?
No. El corte no da derecho a indemnización y la norma lo extiende a terceros conectados al mismo punto.
Conviene precisar que todo esto describe el contenido del texto remodelado. No sabemos aún cómo lo valorará el sector, que presentó más de 600 alegaciones.
¿Hay algo más allá de la energía?
Sí: restricciones a transferir fuera del Espacio Económico Europeo datos públicos de nivel Alto, y publicación anual de consumos de agua y energía desde 500 kilovatios.
Y el dato de más de 12 gigavatios en permisos ya concedidos muestra la escala, pero el texto no dice cuántos se construirán.
O Pulso
- El umbral de exigencias renovables sube de 1 a 10 MW y deja fuera a buena parte de la infraestructura de proximidad.
- Los gigantes de la nube ganan una moratoria de cinco años, pero aceptan ser desconectados sin compensación ante cualquier tensión en la red.
- El Gobierno rebaja la correlación horaria del 80% inmediato a metas graduales, mientras el sector pide aún más margen.
- Más de 600 alegaciones y un informe crítico de la CNMC presionan sobre un texto que todavía no ha cerrado su trayectoria.
- Los promotores con permisos sin conectar tienen seis meses para retirarse y recuperar íntegros sus avales.
En un momento en que la inteligencia artificial empuja la demanda de electricidad hacia territorios hasta ahora apenas tocados por ella, el Gobierno de España ha reescrito la norma que ordenará los centros de datos, tras escuchar a más de seiscientos actores y a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. La nueva versión busca un equilibrio incómodo: aliviar a las instalaciones medianas y dar tiempo a los gigantes digitales, a cambio de que la red eléctrica pueda apagarlos sin pagar nada cuando la seguridad del sistema esté en juego. Es la vieja disyuntiva de toda infraestructura esencial, en la que el país quiere crecer sin perder el control de la luz que lo sostiene.
El Ministerio para la Transición Ecológica, dirigido por Sara Aagesen, ha rehecho la norma que regulará los centros de datos en España. El borrador anterior recibió más de seiscientas alegaciones y un duro informe de la CNMC, que alertaba del riesgo de frenar inversiones clave justo cuando despega la inteligencia artificial. La respuesta tiene dos giros principales: las instalaciones medianas quedan fuera de las exigencias más duras, y los grandes complejos reciben un respiro temporal a cambio de aceptar ser desconectados sin indemnización si peligra la red.
El umbral de entrada sube de 1 a 10 MW, lo que libera de comprar energía renovable a las infraestructuras que dan soporte al 5G, la banca, la industria o la sanidad. La exigencia de correlación horaria también se suaviza: en lugar de un 80% inmediato, los operadores podrán optar por una moratoria de cinco años con metas del 60% en horas punta hasta 2028 y del 70% desde 2029. Quien elija esa vía deberá integrarse en el Sistema de Reducción Automática de Potencia, que permite a Red Eléctrica ordenar el corte total del consumo ante cualquier tensión, sin compensación.
El decreto también flexibiliza los contratos de suministro y mantiene sanciones severas para quien incumpla, con recargos de entre el 100% y el 500%, además de la retirada definitiva de permisos tras infracciones graves reiteradas. Quienes tengan solicitudes sin conectar dispondrán de seis meses para renunciar sin perder sus garantías. En soberanía digital, se prohíbe sacar fuera del Espacio Económico Europeo información sensible de sistemas públicos de nivel alto, y todas las instalaciones desde 500 kilovatios deberán publicar anualmente su consumo de agua y energía.
El sector aún tiene la última palabra en forma de respuesta. La norma rebaja exigencias, pero mantiene intacto el punto que más inquieta: la posibilidad de que la red desenchufe a los centros de datos sin pagar nada.
El Ministerio para la Transición Ecológica, que dirige Sara Aagesen, ha rehecho la norma que regulará los centros de datos en España. Lo ha hecho después de recibir más de 600 alegaciones y un duro informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que advirtió del riesgo de frenar inversiones clave justo cuando despega la inteligencia artificial. El resultado tiene dos grandes giros: las instalaciones medianas quedan fuera del cerco y los grandes complejos obtienen un respiro temporal, a cambio de que el Gobierno pueda desenchufarlos sin pagar nada si peligra la seguridad de la red.
El primer cambio es el filtro de entrada. El texto inicial alcanzaba a proyectos desde 1 megavatio (MW); el nuevo sube el listón a 10 MW. Con ello se libera de la obligación de comprar parques renovables a las infraestructuras de proximidad que dan soporte al 5G, la banca, la industria o la sanidad. Las exigencias más duras quedan para los macrocomplejos de computación y para gigantes de la nube como Amazon Web Services, Microsoft o Google.
El segundo cambio afecta a la llamada correlación horaria, uno de los requisitos que más críticas despertaba. La primera versión obligaba a que el 80% de la energía consumida hora a hora estuviera respaldada por producción verde generada en ese mismo instante, algo técnicamente casi inviable. Ahora hay dos vías: cumplir ese 80% en tiempo real desde el primer día o acogerse a una moratoria de cinco años con metas más suaves, un 60% renovable en horas punta hasta 2028 y un 70% a partir de 2029.
Ese alivio tiene una contrapartida. Quienes elijan la transición deberán integrarse en el Sistema de Reducción Automática de Potencia (SRAP). En la práctica, Red Eléctrica podrá enviar una señal en tiempo real para que reduzcan su consumo a cero ante cualquier tensión en el transporte eléctrico. La desconexión se hará sin retribución y estos centros serán la primera tipología en ser desconectada.
El texto añade además un blindaje jurídico para el operador del sistema y el Estado. El corte no computará para la calidad del suministro ni dará derecho a indemnización, y esa renuncia se extiende a los terceros, clientes o instalaciones anexas, conectados al mismo punto de la red. A cambio se flexibilizan los contratos de suministro: el plazo para asociarse a nuevos parques limpios pasa de 18 a 36 meses, la fotovoltaica podrá computarse sin límite de antigüedad y la duración obligatoria de los contratos de compraventa a largo plazo (PPA) baja de diez a seis años.
Para quien incumpla la cuota de renovables, las sanciones son duras: recargos de entre el 100% y el 500% en los peajes y cargos de la factura eléctrica. Si las infracciones graves se repiten durante cinco años consecutivos, el Estado retirará de forma definitiva los permisos de acceso y conexión a la red.
El decreto también abre una salida a quienes prefieran no seguir adelante. Los promotores con solicitudes en trámite o permisos concedidos que aún no se hayan conectado tendrán seis meses desde la entrada en vigor para renunciar sin que la Administración ejecute sus garantías económicas, de modo que podrán recuperar íntegros sus avales.
En materia de soberanía digital, la norma prohíbe que los centros de datos traten, almacenen o transfieran fuera del Espacio Económico Europeo la información sensible de los sistemas públicos clasificados como de nivel «Alto» en el Esquema Nacional de Seguridad. Deberán auditar y conservar durante cinco años el registro de cualquier intervención remota desde terceros países. Y aunque el umbral renovable sea de 10 MW, todas las instalaciones desde 500 kilovatios de potencia informática tendrán que publicar cada año su consumo de agua y energía, en una industria que ya suma más de 12 gigavatios en permisos concedidos en España.
Queda por ver cómo reacciona el sector ante un texto que rebaja las exigencias pero mantiene la desconexión sin compensación.
Citações Notáveis
Los centros de datos acogidos a la moratoria serán la primera tipología en ser desconectada, sin retribución.— Texto del decreto de Transición Ecológica