Durante dos décadas, la medicina oncológica ha tratado el ejercicio como un alivio secundario; ahora, un metaanálisis de 21 ensayos clínicos con más de ocho mil pacientes sugiere que el movimiento estructurado puede ser, en sí mismo, una forma de tratamiento. Investigadores de la Universidad de Taipéi encontraron que quienes ejercitaban como parte de su atención médica reducían su riesgo de muerte en un 23% y su probabilidad de recaída en un 17%, cifras que colocan al cuerpo en movimiento junto a las intervenciones terapéuticas más reconocidas. El hallazgo no cierra el debate, pero lo transfor