En una semana que el dólar no olvidará fácilmente, las monedas de América Latina han encontrado en la debilidad estadounidense un espejo que las devuelve más fuertes. El índice DXY cae a mínimos desde mayo, presionado por expectativas menguantes de alzas de la Fed y maniobras del Tesoro sobre su deuda de largo plazo, mientras el peso colombiano, el real brasileño y el peso mexicano avanzan impulsados por diferenciales de tasas que hacen del carry trade una estrategia irresistible. Es el recordatorio de que la fortaleza de una moneda no siempre nace de sí misma, sino a veces del tropiezo ajeno.