En julio, el consumo masivo argentino volvió a contraerse, aunque con menor intensidad que en meses anteriores, sugiriendo que el gasto de los hogares podría estar tocando un piso. Los datos de Scentia y NielsenIQ revelan un paisaje desigual según el canal de venta, donde el comercio electrónico avanza con fuerza mientras los almacenes y kioscos acusan el golpe más duro. Esta fotografía convive con una disputa de fondo sobre cómo se mide la realidad económica: lo que el Gobierno llama máximos históricos de consumo privado y lo que los hogares experimentan en el mostrador son, metodológicamente