Por décadas, Chile observó cómo las olas tecnológicas llegaban a sus costas con años de retraso, convirtiendo el rezago en una suerte de destino estructural. Hoy, por primera vez, la inteligencia artificial no distingue geografías ni economías en su despliegue simultáneo: los datos de Stanford sitúan a Chile al mismo nivel de adopción que Reino Unido o Estados Unidos. Un experto en innovación advierte que la excusa histórica del costo prohibitivo ha caducado, y que lo que separa a quienes aprovecharán esta oportunidad de quienes no lo harán no es el capital, sino la voluntad de rediseñar cómo