El celibato voluntario: ¿tendencia moderna o síntoma de carencia emocional

El fantasma de mi sexualidad reclamaba atención antes de extinguirse
Marta reflexiona sobre cómo la menopausia la obligó a enfrentar lo que había ignorado durante años.
Mark

¿Por qué crees que el celibato moderno se siente tan diferente al de las tradiciones religiosas?

Mimi

Porque tiene un propósito. Un sacerdote renuncia al sexo para servir mejor. Un yogui tántrico trabaja con esa energía para transformarse. Pero hoy muchas personas simplemente se rinden y lo llaman tendencia.

Mark

¿Entonces es siempre un fracaso?

Mimi

No siempre. Marta pasó décadas sin necesitar sexo y estaba bien. Pero cuando la menopausia la hizo reflexionar, se dio cuenta de que algo le faltaba. No era el sexo en sí, era la vitalidad.

Mark

¿Qué diferencia hay entre elegir el celibato y simplemente no encontrar pareja?

Mimi

Esa es la pregunta incómoda. Marco dice que elige la abstinencia, pero en realidad está huyendo del agotamiento de las aplicaciones. ¿Es eso una elección o una rendición?

Mark

¿Los expertos ven esto como un problema?

Mimi

Sí, pero no por moralismo. Ven que muchas personas confunden carencia con libertad. Cuando desaparece el deseo, no es liberación. Es señal de que algo no está bien en otras partes de la vida.

Mark

¿Hay salida?

Mimi

Bolinches cree que sí. Volver a conocer gente de formas más naturales, en espacios donde uno realmente encaja. No es revolucionario, pero funciona.

  • El celibato laico actual carece de propósito filosófico, a diferencia de tradiciones religiosas u orientales
  • Munindra, maestro de tantra yoga, advierte que la ausencia de deseo sexual indica carencia, no libertad
  • Marta, madrileña de 58 años, practicaba celibato voluntario antes de que se popularizara entre celebridades
  • Antoni Bolinches señala que muchas personas adoptan el volcel como consuelo ante soledad y fracaso amoroso

El celibato laico actual carece de propósito filosófico, a diferencia de tradiciones religiosas u orientales que lo practican con fines espirituales específicos. Sexólogos señalan que muchas personas adoptan el volcel como consuelo ante soledad y fracasos amorosos, no como elección consciente y transformadora.

Jóvenes y adultos abrazan el celibato voluntario sin filosofía que lo respalde, motivados por fracaso y miedo. Expertos advierten que se confunde carencia con tendencia glamurosa.

Hace décadas que los estudios documentan un cambio en los patrones sexuales de los jóvenes: tienen menos relaciones que sus padres a la misma edad. Pero lo que está ocurriendo ahora es distinto. Muchos están eligiendo el celibato voluntario —conocido en inglés como volcel— no por convicción religiosa o espiritual, sino por agotamiento, miedo y fracaso. Y aquí está el problema: a diferencia de las tradiciones que lo han practicado durante siglos, este celibato moderno carece de cualquier filosofía que lo sustente.

La Iglesia católica exige celibato a sus sacerdotes con un propósito claro. San Pablo argumentaba que renunciar a la familia permitía al clérigo más libertad para servir a otros y dedicarse plenamente a Dios. Las tradiciones espirituales orientales también tienen un marco. Munindra, maestro de tantra yoga, explica que en esa práctica la energía sexual se considera profundamente poderosa y se trabaja con ella de manera transformadora, canalizándola hacia la evolución personal en lugar de hacia el sexo o la reproducción. Pero el celibato que abrazan muchas personas hoy no tiene nada de esto. No hay propósito transformador. No hay filosofía. Solo hay cansancio.

Munindra es claro al respecto: cuando alguien decide simplemente ignorar su sexualidad, diciendo "yo a esa energía no le hago caso", está minusvalorando su potencial vital. Si la sexualidad les da igual, probablemente sea porque les falta plenitud en otras áreas de la vida. En el tantra, el deseo sexual es el impulso de vida mismo. Cuando desaparece, no es liberación; es carencia. "Sin ella se vive en carencia", dice Munindra. Es como si el hambre desapareciera: no sería salud, sería enfermedad.

Marta, madrileña de 58 años, practicaba el celibato voluntario mucho antes de que se convirtiera en tendencia entre celebridades como Lady Gaga, Lenny Kravitz o Rosalía. Nunca fue particularmente sexual, reconoce. Tuvo dos relaciones que no funcionaron, probó las aplicaciones de citas y las abandonó rápidamente. Su bajo deseo era fácil de satisfacer con la masturbación, y luego ni eso fue necesario. Tenía trabajo, vida social, viajaba. No echaba de menos el sexo. Se iba a la cama como cuando era niña, sin otra preocupación que dormir bien. Pero la menopausia cambió algo. De repente, esa vida sexual escasa empezó a pesarle. Por las noches, dice, "el fantasma de mi sexualidad" reclamaba atención antes de extinguirse. Ahora trabaja con una sexóloga para entender su deseo. No ha completado lo que ella llama su "revolución sexual", pero se siente más viva y menos culpable.

El mundo moderno tiene una habilidad peculiar: convierte las carencias en tendencias y luego las mercantiliza. Antes, la gente pasaba temporadas sin sexo y lo llamaba sequía o frustración. Ahora lo llaman volcel, que suena mucho más glamuroso. Antoni Bolinches, sexólogo y escritor, lo ve así: cuando hay una masa crítica de personas solas y se comienza a difundir el mensaje de que la soledad es buena, muchas de esas personas se aferran a la idea para sentirse mejor consigo mismas. Es un consuelo. Pero Bolinches es cauteloso: aunque es mejor estar solo que mal acompañado, la mayoría de las personas preferiría estar insuficientemente mal acompañadas que completamente solas. Los humanos somos animales sociales. Crecemos y aprendemos en contacto con otros.

Marco, italiano de 37 años que vive en Madrid, es célibe en este momento, aunque su situación es diferente. No es una elección consciente, sino resultado de las circunstancias. Busca una relación seria y normal, pero algunos hombres homosexuales lo han criticado por ello, llamándolo anticuado. Se dio de baja de Grindr y ahora está a la expectativa. No es que le falte deseo o ganas, sino que el ambiente de las aplicaciones lo ha saturado. Busca otras formas de conocer gente. La dificultad para encontrar pareja, combinada con el rechazo a la cultura de las citas rápidas, puede empujar a personas como Marco hacia la abstinencia temporal.

Bolinches señala que después de cierta edad, la fase de placer sexual desvinculado del amor ya se ha experimentado. Por eso ligar deja de ser divertido y se convierte en una tarea ingrata. Incluso gente más joven puede sentir esto por el agotamiento que producen los portales de citas. Pero antes de rendirse, aconseja volver a métodos más tradicionales: conocer gente en vivo, en espacios donde uno encaje naturalmente, ya sean ámbitos deportivos, políticos, culturales, artísticos o benéficos. La pregunta que queda flotando es si el celibato voluntario es realmente una elección o simplemente la aceptación de una derrota disfrazada de tendencia.

Si la sexualidad les da igual y casi ni la sienten es que les falta plenitud en la vida. Una cosa es transmutarla y transformarla; y otra es que no haya nada que trasformar ni transmutar.
— Munindra, maestro de tantra yoga
Muchas modas resultan un consuelo, porque si hay una masa crítica de personas que están solas y se empieza a lanzar el mensaje de que la soledad es buena, gran parte de esas personas se apuntarán a esta idea para sentirse mejor.
— Antoni Bolinches, sexólogo
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