En septiembre de 1848, un obrero ferroviario de Vermont sobrevivió a lo imposible: una barra de hierro le atravesó el cráneo de lado a lado. Phineas Gage no murió, pero el hombre que emergió del accidente era, en lo esencial, otra persona. Ese instante de pólvora y metal abrió, sin quererlo, la primera gran ventana científica hacia una verdad que hoy parece obvia pero entonces era impensable: que el cerebro no solo nos permite pensar, sino que nos hace ser quienes somos.
El caso Phineas Gage: cómo una viga de hierro en la cabeza revolucionó la neurociencia
Phineas Gage sufrió una lesión cerebral traumática grave que le atravesó el cráneo, causando cambios permanentes en su personalidad y conducta.