En los márgenes de la bioquímica y la privación voluntaria, investigadores descubren que el ayuno no es simplemente ausencia de alimento, sino un reconfigurador molecular capaz de amplificar la respuesta de ciertos tumores de mama a la terapia hormonal. El cuerpo en ayunas eleva sus glucocorticoides, y esos mensajeros químicos compiten con el estrógeno por el control de genes tumorales, reforzando el efecto del tamoxifeno. Sin embargo, esta misma fuerza puede volverse adversa en otros subtipos de cáncer, recordándonos que en medicina, el contexto no es un detalle: es el diagnóstico.