España ha dominado la generación de energía renovable, pero ahora se enfrenta a una pregunta más profunda: ¿de qué sirve capturar el viento y el sol si no se sabe dónde guardarlos? En los próximos dieciocho meses, el país podría transformar radicalmente su capacidad de almacenamiento en baterías, pero lo haría sin un marco regulatorio que ordene ese crecimiento. Como tantas veces en la historia de las grandes transiciones, la tecnología avanza más rápido que la sabiduría institucional para gobernarla.