El cerebro humano, esa arquitectura que sostiene la memoria, el movimiento y la identidad, es también un órgano vulnerable a decisiones cotidianas. Neurólogos españoles recuerdan que hasta nueve de cada diez ictus podrían evitarse si las personas adoptaran hábitos que ya conocen pero raramente practican con constancia: controlar la presión arterial, moverse, alimentarse bien, dormir y aprender. La prevención no es un privilegio médico sino un acto de responsabilidad personal que la ciencia respalda con claridad creciente.