En los momentos de mayor incertidumbre, la pregunta que nos hacemos puede convertirse en una prisión o en una puerta. La psicóloga Eirene García señala que la diferencia entre el estancamiento y el movimiento reside en una sola palabra: reemplazar el 'por qué' por el 'para qué'. No se trata de negar el dolor ni de fingir que nada ocurrió, sino de orientar la mente hacia lo que aún es posible hacer, devolviendo así una parte esencial de la sensación de control que la adversidad nos arrebata.