En el umbral de 2026, Estados Unidos ha reconfigurado su lugar en la arquitectura humanitaria mundial, reduciendo su aporte a la ONU de más de 13.000 millones de dólares anuales a apenas 2.000 millones. Esta decisión, enmarcada en una retirada más amplia de la cooperación internacional —que incluye el desmantelamiento de USAID y la salida de la OMS—, no es solo una cifra presupuestaria: es una declaración sobre qué vidas y qué crisis considera prioritarias el poder más influyente del planeta. Millones de personas en 17 países quedan suspendidas en esa brecha entre lo que el mundo necesita y lo
EE.UU. reduce a un quinto su presupuesto humanitario y compromete programas de la ONU
De 13.000 millones a 2.000: el colapso del financiamiento humanitario estadounidense
¿Cómo llegamos de 13.000 millones de dólares anuales a solo 2.000 millones? ¿Qué cambió?
El cambio de administración es lo más obvio. Biden había reintegrado a Estados Unidos a programas que Trump había abandonado en su primer mandato. Ahora Trump está aplicando una política de contracción mucho más agresiva.
Pero hay que ser precisos: ¿es realmente una reducción de 13.000 a 2.000, o estamos comparando categorías diferentes? El 2.000 millones es específicamente para programas humanitarios de la ONU, mientras que los 13.000 incluyen contribuciones a toda la ONU.
Buena observación. Pero incluso si separamos las categorías, el gasto humanitario estadounidense bajó de 13.100 millones en 2023 a 10.800 en 2024, y ahora a 2.000. Eso es un colapso.
¿Quién sufre más con esto? ¿Hay poblaciones específicas?
El Programa Mundial de Alimentos y la agencia de refugiados son los que reciben más dinero estadounidense. Eso significa que las personas en crisis alimentarias y los refugiados enfrentan riesgos inmediatos. Gaza está excluido del nuevo acuerdo, así que esa población también está en riesgo.
Espera, ¿está confirmado que Gaza está excluido, o es que Trump eligió no incluirlo? Porque eso es importante para la narrativa.
El acuerdo dice que Trump "eligió los territorios en los que deseaba emplear sus aportes, dejando fuera a los territorios palestinos". Así que sí, fue una elección deliberada.
¿Qué tan grave es perder el 18-20% del financiamiento de la OMS?
Es catastrófico. La OMS ya estaba bajo presión. Perder esa proporción de su presupuesto en medio de posibles crisis de salud es un riesgo existencial para la organización.
Aunque hay que notar que Trump ya lo hizo en 2020 durante COVID. Así que hay precedente, aunque eso no lo hace menos grave.
¿Hay alguna posibilidad de que otros países compensen esta pérdida?
Teóricamente sí, pero históricamente no. Estados Unidos es el principal financista de la labor humanitaria de la ONU. Otros países simplemente no tienen esa capacidad.
Y la ONU solicitó 47.000 millones para 2025 pero solo recaudó 12.000. Incluso sin la reducción estadounidense, ya había un déficit masivo.
O Pulso
- El gobierno Trump acordó aportar solo 2.000 millones de dólares anuales a la ONU desde 2026, frente a los más de 13.000 millones que Estados Unidos contribuía en años recientes.
- La reducción llega cuando la ONU ya enfrenta una crisis de financiamiento severa: solicitó 47.000 millones para 2025 y apenas recaudó 12.000 millones.
- Programas críticos como el Programa Mundial de Alimentos, ACNUR y la OMS —que dependían fuertemente del aporte estadounidense— quedan expuestos a recortes que amenazan operaciones en zonas de conflicto y hambruna.
- El acuerdo excluye deliberadamente los territorios palestinos y los programas vinculados al cambio climático, revelando una selectividad política que redefine el rol de EE.UU. en la ayuda global.
- El jefe humanitario de la ONU reconoce que el sistema trabaja para ser más eficiente, pero admite que los recursos disponibles simplemente no alcanzan para cubrir las necesidades actuales.
En el umbral de 2026, Estados Unidos ha reconfigurado su lugar en la arquitectura humanitaria mundial, reduciendo su aporte a la ONU de más de 13.000 millones de dólares anuales a apenas 2.000 millones. Esta decisión, enmarcada en una retirada más amplia de la cooperación internacional —que incluye el desmantelamiento de USAID y la salida de la OMS—, no es solo una cifra presupuestaria: es una declaración sobre qué vidas y qué crisis considera prioritarias el poder más influyente del planeta. Millones de personas en 17 países quedan suspendidas en esa brecha entre lo que el mundo necesita y lo que el mundo está dispuesto a dar.
El gobierno de Donald Trump ha sellado un acuerdo con las Naciones Unidas que transforma radicalmente la participación estadounidense en la ayuda humanitaria global. A partir de 2026, Washington aportará 2.000 millones de dólares anuales a programas de la ONU, una cifra que contrasta abruptamente con los 13.000 millones que contribuyó en 2023 y los 18.000 millones que llegó a aportar en 2022, el año pico impulsado por la pandemia, la guerra en Ucrania y las crisis alimentarias. El secretario de Estado Marco Rubio calificó el nuevo marco como un "acuerdo histórico", aunque la magnitud del recorte genera alarma en toda la arquitectura humanitaria internacional.
Esta decisión no ocurre en el vacío. Desde enero de 2025, la administración Trump desmanteló USAID y retiró a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud —por segunda vez en cinco años—, congelando aportes que representaban entre el 18% y el 20% del presupuesto total de la OMS. El patrón es coherente: una contracción deliberada y sistemática del compromiso estadounidense con la cooperación multilateral.
Los efectos concretos recaen sobre las agencias más dependientes del financiamiento norteamericano. El Programa Mundial de Alimentos, que recibía típicamente 3.500 millones de dólares anuales de EE.UU., y ACNUR, que obtuvo 2.900 millones en el último año, enfrentan ahora una brecha de recursos sin precedentes. La Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU ya había solicitado 47.000 millones para 2025 y solo logró recaudar 12.000 millones; para 2026, la solicitud es de 23.000 millones, y el impacto real del nuevo acuerdo aún está por medirse.
El acuerdo también revela prioridades políticas explícitas. Estados Unidos eligió selectivamente los territorios donde destinará sus aportes, excluyendo Gaza y Cisjordania —para los que la ONU solicitó 4.100 millones— y dejando fuera los programas relacionados con el cambio climático. Millones de personas en 17 países dependen de una respuesta humanitaria que, con este recorte, enfrenta su mayor desafío de financiamiento en décadas.
El gobierno de Donald Trump ha llegado a un acuerdo con las Naciones Unidas que reduce drásticamente el financiamiento estadounidense para programas humanitarios globales. A partir de 2026, Estados Unidos aportará 2.000 millones de dólares anuales, una cifra que representa apenas una fracción de lo que el país ha contribuido históricamente a estas iniciativas. El secretario de Estado Marco Rubio describió el nuevo marco de colaboración como un "acuerdo histórico" capaz de "salvar millones de vidas en 17 países", aunque la medida genera profunda incertidumbre sobre la capacidad de la ONU para mantener sus operaciones de asistencia en todo el mundo.
Esta reducción se inscribe dentro de una política más amplia de contracción de la cooperación humanitaria estadounidense. Entre enero y septiembre de este año, la administración Trump desmanteló a gran escala la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), una de las instituciones más importantes en la arquitectura de ayuda exterior norteamericana. El cambio de dirección es dramático cuando se observa el historial de contribuciones. Durante 2015 y 2016, bajo la presidencia de Barack Obama, Estados Unidos aportaba alrededor de 10.000 millones de dólares anuales a programas de la ONU. En el primer mandato de Trump, entre 2017 y 2019, esa cifra bajó a un promedio de 8.700 millones de dólares al año. Cuando Joe Biden asumió la presidencia, los aportes repuntaron: 9.200 millones en 2020, 12.500 millones en 2021, alcanzando un pico histórico de 18.000 millones en 2022, impulsado por la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania y crisis alimentarias globales. En 2023 y 2024, las contribuciones bajaron a 13.000 y 11.500 millones de dólares respectivamente.
En el ámbito específico del gasto humanitario, la trayectoria es similar. Estados Unidos invirtió 6.400 millones de dólares en programas humanitarios durante 2015, cifra que creció a 7.000 millones en 2016. Después se mantuvo en un promedio de 6.500 millones durante tres años, hasta que la pandemia provocó aumentos abruptos: 7.800 millones en 2020 y 9.500 millones en 2021. El pico llegó en 2022 y 2023 con 13.500 y 13.100 millones de dólares respectivamente. En 2024, bajo el gobierno actual de Trump, la cifra fue de 10.800 millones. El nuevo acuerdo de 2.000 millones representa un descenso radical sin precedentes.
Los programas de la ONU que dependen más fuertemente del financiamiento estadounidense enfrentan ahora una crisis de recursos. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) es el mayor receptor, con asignaciones que típicamente rondan los 3.500 millones de dólares anuales, aunque escalaron a 5.133 millones en 2022 por el conflicto ucraniano y alcanzaron su máximo en 2024 debido a la crisis humanitaria en Gaza. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) recibió 2.900 millones de dólares en el último año, también por Gaza, comparado con 1.900 millones el año anterior. Otros receptores importantes incluyen Unicef, la Organización Internacional para las Migraciones, las misiones de paz y la Organización Mundial de la Salud.
La OMS ha sido particularmente afectada. El primer día de su actual mandato, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14155 retirando a Estados Unidos de la organización, congelando los envíos de dinero. Esta es la segunda vez que lo hace: también se retiró en 2020 durante la pandemia de COVID-19. Estados Unidos representaba entre el 18% y el 20% del financiamiento total de la OMS, una pérdida que la organización no puede compensar fácilmente.
La brecha de financiamiento global es ahora crítica. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) solicitó 47.000 millones de dólares para financiar sus programas humanitarios en 2025, pero solo recaudó 12.000 millones. La falta de apoyo estadounidense jugó un papel central en ese desfase. Para 2026, la ONU ha solicitado 23.000 millones de dólares, y el impacto final de la reducción estadounidense a 2.000 millones aún está por verse. Tom Fletcher, jefe de operaciones humanitarias de la ONU, ha señalado que el sistema humanitario se está trabajando para maximizar su eficiencia, pero la realidad es que los recursos simplemente no alcanzan.
El nuevo acuerdo también refleja prioridades políticas específicas. La ONU ha identificado las crisis en Gaza y Cisjordania como parte prioritaria de su agenda humanitaria para 2026, solicitando 4.100 millones de dólares para ese fin. Sin embargo, en el acuerdo con el gobierno estadounidense, este último eligió selectivamente los territorios donde desea emplear sus aportes, dejando fuera a los territorios palestinos. También quedaron excluidos programas vinculados al cambio climático. Esta selectividad marca un cambio significativo en cómo Estados Unidos ejerce su influencia en la arquitectura humanitaria global.
Citações Notáveis
Acuerdo histórico que permitirá salvar millones de vidas en 17 países— Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense
El sistema humanitario se está trabajando para maximizar su eficiencia— Tom Fletcher, jefe de operaciones humanitarias de la ONU