Durante décadas, la cultura popular ha construido una verdad paralela sobre la naturaleza: el coyote como cazador obsesivo del correcaminos. El ecólogo Scott Henke ha dedicado su trabajo a confrontar esa narrativa con los datos del mundo real, revelando que los coyotes rara vez persiguen al correcaminos, pues el costo energético de hacerlo supera cualquier beneficio nutricional. Lo que los dibujos animados presentaron como una dinámica universal resulta ser, en la ecología observada, una excepción marginal.