En un momento en que los gigantes tecnológicos han pasado de celebrar su libertad regulatoria a exigir restricciones, la humanidad se encuentra ante una paradoja que Douglas Adams habría reconocido: hemos construido máquinas de una complejidad sin precedentes sin comprender del todo lo que hacen. Figuras como Geoffrey Hinton advierten que el riesgo de catástrofe global es demasiado serio para ignorarlo, mientras otros sospechan que el miedo es una herramienta comercial. Sea cual sea la verdad, la opacidad de estos sistemas —no la certeza sobre sus peligros— es razón suficiente para que la soci