Descubren en España una nueva especie de avispa fósil de 105 millones de años

Atrapada en resina fosilizada desde hace 105 millones de años
La avispa Cretevania orgonomecorum fue preservada en el ámbar de El Soplao con detalles microscópicos intactos.
Mark

¿Por qué es tan importante que esta avispa esté conservada en ámbar y no solo como un fósil ordinario?

Mimi

El ámbar preserva los tejidos blandos y los detalles microscópicos que normalmente se pierden. En otros yacimientos solo ves los restos duros. Aquí ves las venas de las alas, la estructura exacta de las antenas, todo lo que necesitas para identificar una especie nueva.

Luke

Pero ¿cuántas avispas fósiles se han encontrado en El Soplao antes de esta? ¿Es realmente raro, o es que el ámbar simplemente preserva mejor lo que ya estaba allí?

Mimi

Es una buena pregunta. El Soplao ha documentado más de 1.500 inclusiones fósiles en total, y de ellas han descrito más de 30 especies nuevas. Así que sí, es un lugar extraordinario, pero también es verdad que el ámbar es mejor conservador.

Mark

¿Qué nos dice esta avispa en particular sobre cómo era Europa hace 105 millones de años?

Mimi

Que la Península Ibérica era un archipiélago de islas bajo un clima tropical, con ecosistemas muy diferentes a los de hoy. Las avispas evánidas son fósiles guía, lo que significa que su presencia nos ayuda a datar los sedimentos y entender qué edad tienen las capas de roca.

Luke

Espera, ¿es esta avispa más grande que las otras del género Cretevania? ¿Eso es lo único que la hace diferente, o hay otras características?

Mimi

No, hay una combinación de rasgos. Es más grande, pero también tiene características anatómicas que no encajan en ninguna de las variantes descritas hasta ahora. Por eso revisaron los límites diagnósticos del género completo.

Mark

¿Cuántas instituciones trabajaron en esto?

Mimi

Participaron el Instituto Geológico y Minero de España, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Valencia, la Academia China de las Ciencias y el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. Fue un esfuerzo internacional real.

Luke

¿Y el financiamiento? ¿Quién pagó?

Mimi

El Gobierno de Cantabria, el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Generalitat Valenciana. Los resultados se publicaron en Palaeoentomology.

Mark

¿Qué viene después? ¿Hay más ámbar por explorar en El Soplao?

Mimi

Sí. El yacimiento sigue siendo una fuente invaluable. Cada nuevo hallazgo añade piezas al rompecabezas de cómo era la vida en el Cretácico europeo.

  • Una avispa atrapada en ámbar durante 105 millones de años desafía la clasificación científica existente: es más grande y morfológicamente distinta a todas las especies de su género descritas hasta ahora.
  • El ámbar de El Soplao posee una calidad excepcional que preserva tejidos blandos, venación alar y microdetalles anatómicos que en otros yacimientos se pierden para siempre, convirtiendo cada inclusión en un documento biológico único.
  • Técnicas de microscopía confocal y análisis tridimensional de alta precisión permitieron a los científicos descifrar los rasgos diagnósticos de la nueva especie y replantear los límites evolutivos de su género.
  • Una colaboración entre España, China y el Reino Unido —con financiación del Gobierno de Cantabria, el Ministerio de Ciencia y la Generalitat Valenciana— respalda el descubrimiento, subrayando la dimensión global de lo que ocurre en una cantera cántabra.
  • Con más de 30 especies nuevas descritas y 1.500 inclusiones fósiles documentadas, El Soplao consolida su lugar como fuente irreemplazable para comprender los ecosistemas del Cretácico europeo.

En una cantera de Cantabria, el tiempo quedó suspendido hace 105 millones de años dentro de un fragmento de resina. Allí, investigadores de cinco instituciones internacionales han identificado a Cretevania orgonomecorum, una avispa del Cretácico medio cuya anatomía no encajaba en ninguna especie conocida. El hallazgo, publicado en la revista Palaeoentomology, no solo amplía el árbol evolutivo de las avispas evánidas, sino que reafirma a El Soplao como uno de los archivos naturales más extraordinarios de la historia de la vida en Europa.

En el ámbar de El Soplao, una cantera enclavada entre los municipios cántabros de Herrerías, Valdáliga y Rionansa, descansaba desde hace 105 millones de años una avispa que la ciencia nunca había visto. Los investigadores la han bautizado Cretevania orgonomecorum, y su descripción oficial representa un avance significativo en la comprensión de cómo evolucionaron estos insectos durante el Cretácico medio, cuando la Península Ibérica era un archipiélago de islas rodeado de mares tropicales.

Lo que hace singular a El Soplao no es solo su geología, sino la calidad sin parangón de su resina fosilizada. Mientras que la mayoría de los yacimientos conservan únicamente las partes duras de los organismos, el ámbar cántabro mantiene intactos tejidos blandos, pigmentos, venas alares y microdetalles anatómicos que en otros lugares se pierden para siempre. Gracias a microscopía confocal y análisis tridimensional, los científicos pudieron examinar las antenas, el tórax, las patas y la venación alar de la nueva especie, concluyendo que, aunque pertenece al género Cretevania —conocido en yacimientos de China y Myanmar—, su tamaño y combinación de rasgos la sitúan fuera de cualquier variante descrita hasta ahora.

El descubrimiento es fruto de una colaboración internacional que reunió al Instituto Geológico y Minero de España, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Valencia, la Academia China de las Ciencias y el Museo de Historia Natural de Oxford. Sus resultados fueron publicados en la revista Palaeoentomology. El investigador Enrique Peñalver destacó que el hallazgo amplía el conocimiento sobre la evolución de las avispas evánidas y confirma la riqueza paleontológica del ámbar español.

El Soplao lleva décadas acumulando hallazgos: más de 1.500 inclusiones fósiles y más de 30 especies nuevas descritas oficialmente. El ambiente que generó ese ámbar era una antigua zona costera donde confluían ecosistemas continentales y marinos, con vegetación resinosa sometida a calor tropical e intensa actividad biológica. Cada nueva especie encontrada en esa resina añade una pieza más al retrato de cómo era la vida en la Europa antigua, en un momento en que los primeros organismos comenzaban a dar forma a los ecosistemas que hoy conocemos.

En las entrañas de una cantera de Cantabria, atrapada en resina fosilizada desde hace 105 millones de años, descansa una avispa que nadie había visto antes. Los investigadores la han llamado Cretevania orgonomecorum, y su hallazgo en El Soplao representa un salto adelante en la comprensión de cómo evolucionaron estos insectos durante el Cretácico medio, cuando gran parte de Europa yacía bajo mares tropicales y la Península Ibérica era un archipiélago de islas extrañas.

El Soplao, ubicado entre los municipios cántabros de Herrerías, Valdáliga y Rionansa, se ha convertido en uno de los territorios más valiosos para la paleontología europea. Descubierto alrededor de 1908 cuando los mineros perforaban galerías en busca de otros minerales, la caverna debe su nombre al aire que se percibe cuando dos galerías con diferentes niveles de oxígeno se conectan entre sí. Lo que hace extraordinario este lugar no es solo su geología, sino la calidad sin igual de su ámbar: mientras que otros fósiles conservan únicamente los restos duros de los organismos, la resina fosilizada de El Soplao mantiene congelados en el tiempo los tejidos blandos, las venas de las alas, los pigmentos y hasta los microdetalles anatómicos que en otros yacimientos se pierden para siempre.

La avispa Cretevania orgonomecorum fue examinada con microscopía confocal y análisis tridimensional de alta precisión, técnicas que permitieron a los científicos observar características distintivas de sus antenas, la forma de su tórax, la disposición de sus patas y la compleja venación de sus alas. Aunque pertenece al género Cretevania, ampliamente distribuido en yacimientos del Cretácico de China y Myanmar, esta especie es más grande y presenta una combinación de rasgos que no encaja en ninguna de las variantes descritas hasta ahora. Esa discrepancia fue lo que llevó a los investigadores a declararla como una especie nueva y a revisar los límites diagnósticos del árbol evolutivo de su género.

El descubrimiento es el resultado de una colaboración internacional que reunió al Instituto Geológico y Minero de España, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Valencia, la Academia China de las Ciencias y el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. El trabajo fue financiado por el Gobierno de Cantabria, el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Generalitat Valenciana, y sus resultados fueron publicados en la revista Palaeoentomology. Enrique Peñalver, investigador del IGME-CSIC, señaló que el hallazgo amplía el conocimiento sobre la evolución de las avispas evánidas y confirma la extraordinaria riqueza paleontológica del ámbar español.

Hasta la fecha, El Soplao ha documentado más de 1.500 inclusiones fósiles en su resina: insectos, plantas, hongos e incluso pequeñas partes de vertebrados. De ellas, los científicos han descrito oficialmente más de 30 especies nuevas. El ambiente en el que se formó este ámbar era muy particular: una antigua zona costera donde convergían ambientes continentales y marinos, con vegetación resinosa sometida a cambios de humedad, temperaturas tropicales e intensa actividad biológica. Esa combinación generó grandes cantidades de resina que quedaron atrapadas bajo sedimentos durante millones de años.

Las avispas evánidas son especialmente valiosas para los paleontólogos porque tienen un patrón de distribución muy amplio y presentan variaciones morfológicas marcadas. Esto significa que pueden actuar como fósiles guía: organismos cuya presencia ayuda a determinar la edad aproximada de los sedimentos. Durante el Cretácico medio, cuando Cretevania orgonomecorum vivía, la Península Ibérica era un mosaico de islas donde convivían reptiles primitivos, plantas con flor recién desarrolladas e insectos de gran diversidad. Los primeros organismos estaban comenzando a dar forma a los ecosistemas modernos. El consejero cántabro de Cultura, Turismo y Deporte, Luis Martínez Abad, celebró el descubrimiento, destacando que El Soplao sigue siendo una gran fuente de información científica con relevancia global. Cada nueva especie encontrada en el ámbar de Cantabria añade una pieza más al rompecabezas de cómo era la vida en la Europa antigua.

El hallazgo amplía nuestro conocimiento sobre la evolución de las avispas evánidas y confirma la extraordinaria riqueza paleontológica del ámbar español
— Enrique Peñalver, investigador del IGME-CSIC
El Soplao sigue siendo una gran fuente de información científica con relevancia global
— Luis Martínez Abad, consejero cántabro de Cultura, Turismo y Deporte
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