En la primavera de 2024, un fragmento de roca cósmica excavó silenciosamente en la Luna el cráter más grande registrado en tiempos recientes en el sistema solar, y durante dieciséis meses nadie lo supo. El hallazgo, confirmado esta semana por la NASA tras un paciente rastreo de archivos, nos recuerda que el cosmos actúa con indiferencia a nuestra vigilancia, y que la Luna —escenario de nuestras ambiciones espaciales— sigue siendo un mundo vivo, golpeado y transformado. Lo que comenzó como una cicatriz invisible de 222 metros se convierte ahora en una advertencia para quienes planean construir
Descubren cráter lunar de 222 metros que pasó desapercibido dos años
Sin duda habrán desaparecido mucho antes
¿Cómo es posible que un cráter tan grande pasara desapercibido durante más de un año?
La sonda LRO capturó las imágenes en mayo de 2024, poco después de que se formara, pero entre millones de fotografías, nadie lo identificó hasta agosto de 2025. Los datos estaban ahí; faltaba el reconocimiento.
¿Y eso qué nos dice sobre lo que podría estar pasando en otros lugares de la Luna que aún no hemos visto?
¿Por qué este impacto es tan significativo comparado con otros?
Es tres veces más grande que el anterior récord de impacto reciente. Los científicos dicen que eventos de esta magnitud ocurren una vez cada 132 años aproximadamente.
Pero espera: ¿cómo saben eso si solo tenemos registros de impactos recientes? ¿Esa cifra de 132 años es observación o extrapolación estadística?
¿Qué nos enseña este cráter sobre la Luna que no sabíamos?
Que la superficie se renueva mucho más rápido de lo que pensábamos. El suelo lunar se reemplaza cada 80.000 años, no cada millón.
Eso cambia el cálculo sobre las huellas del Apolo, pero también plantea una pregunta: ¿cuánto de lo que vemos en la Luna es realmente antiguo, o es todo más joven de lo que creemos?
¿Qué significa esto para los planes de la NASA en la Luna?
Ahora necesitan calcular el riesgo de que material expulsado por impactos similares dañe las futuras instalaciones lunares.
Pero ese cálculo depende de modelos que acaban de ser revisados. ¿Tienen suficiente información para hacer esas predicciones con confianza?
Il Polso
- Un asteroide del tamaño de un edificio impactó la Luna en 2024 sin que ningún sistema de detección lo registrara en tiempo real, revelando un vacío inquietante en nuestra vigilancia del espacio cercano.
- El cráter McGetchin, con 222 metros de diámetro y 43 de profundidad, triplicó el récord anterior de impacto reciente y sacudió los modelos científicos sobre la frecuencia y escala de estos eventos.
- El impacto dispersó material rocoso en un radio de más de 100 kilómetros y dejó una zona térmica anómala de 7 kilómetros, alterando la comprensión de cómo se transforma la superficie lunar.
- Los datos obligan a revisar cuánto durarán las huellas del Apolo y cuán vulnerables serían las futuras bases lunares ante impactos similares que ocurren, en promedio, cada 132 años.
- La NASA ya orienta estos hallazgos hacia cálculos de ingeniería concretos para blindar instalaciones lunares contra el material expulsado por futuros impactos de esta magnitud.
En la primavera de 2024, un fragmento de roca cósmica excavó silenciosamente en la Luna el cráter más grande registrado en tiempos recientes en el sistema solar, y durante dieciséis meses nadie lo supo. El hallazgo, confirmado esta semana por la NASA tras un paciente rastreo de archivos, nos recuerda que el cosmos actúa con indiferencia a nuestra vigilancia, y que la Luna —escenario de nuestras ambiciones espaciales— sigue siendo un mundo vivo, golpeado y transformado. Lo que comenzó como una cicatriz invisible de 222 metros se convierte ahora en una advertencia para quienes planean construir sobre esa superficie.
En la primavera de 2024, un fragmento de roca cósmica del tamaño de un edificio de varios pisos golpeó la cara visible de la Luna y excavó un agujero de 222 metros de ancho y 43 de profundidad. Nadie lo vio venir. Durante dieciséis meses, el cráter permaneció oculto en los archivos de datos del Orbitador de Reconocimiento Lunar hasta que, en agosto de 2025, los investigadores reconocieron la estructura en imágenes de gran angular tomadas poco después del impacto. La confirmación definitiva llegó a principios de 2026, y los resultados se publicaron esta semana en dos estudios simultáneos en la revista Science Advances.
El cráter fue bautizado McGetchin en honor a Thomas McGetchin, antiguo director del Instituto Lunar y Planetario de Houston. Su escala es extraordinaria: triplica el anterior récord de impacto reciente detectado por la misma sonda hace una década, y los científicos lo califican como el mayor registrado en tiempos recientes en todo el sistema solar. Eventos de esta magnitud ocurren aproximadamente una vez cada 132 años, lo que convierte al descubrimiento en algo que, en la práctica, sucede una sola vez en la vida de una persona.
El científico Mark Robinson describió cómo la superficie lunar fue removida en un radio de más de 100 kilómetros, con polvo y roca proyectados a ángulos mayores de lo que los modelos previos anticipaban. Un estudio independiente de David Paige, de la Universidad de California en Los Ángeles, identificó una zona fría de 7 kilómetros alrededor del cráter, señal de que el impacto aflojó la capa superficial del suelo lunar —el regolito— exponiendo material que normalmente permanece bajo tierra.
Las consecuencias van más allá de este cráter. Los datos acumulados por el orbitador permiten calcular que la capa superior del suelo lunar, de apenas 2 centímetros, se renueva cada 80.000 años, un plazo mucho más corto de lo que se creía. Eso significa que las huellas de los astronautas del Apolo no durarán eternamente, como se suponía. Robinson fue categórico: sin duda habrán desaparecido mucho antes. Ahora, el cráter McGetchin orienta los cálculos de ingeniería de la NASA para futuras instalaciones lunares, convirtiendo una cicatriz invisible en una lección sobre la fragilidad de cualquier construcción humana sobre la Luna.
Hace dos años, un fragmento de roca cósmica del tamaño de un edificio de varios pisos golpeó la Luna en la primavera de 2024. El impacto excavó un agujero de 222 metros de ancho y 43 metros de profundidad en la cara visible de nuestro satélite. Nadie lo vio venir. Nadie lo notó después. Durante dieciséis meses, el cráter permaneció invisible a los telescopios terrestres y a los instrumentos espaciales, hasta que los científicos de la NASA lo identificaron finalmente en los archivos de datos acumulados.
El descubrimiento llegó a través del Orbitador de Reconocimiento Lunar, una sonda que ha estado fotografiando la Luna desde 2009. El instrumento capturó las primeras imágenes del cráter en mayo de 2024, poco después de su formación, pero entre el volumen masivo de datos recopilados, nadie reconoció lo que estaba mirando. No fue hasta agosto de 2025 cuando los investigadores identificaron la estructura en esas imágenes de gran angular. Solo entonces solicitaron fotografías de mayor resolución, que llegaron durante el otoño de ese año. La confirmación definitiva no se produjo hasta principios de 2026. Los resultados se publicaron esta semana en la revista Science Advances, en dos estudios simultáneos que revelan la magnitud de lo que había permanecido oculto.
La escala del hallazgo es extraordinaria. El cráter, bautizado McGetchin en honor a Thomas McGetchin, antiguo director del Instituto Lunar y Planetario de Houston, es tres veces más grande que el anterior récord de impacto reciente detectado por la misma sonda hace una década. Los científicos de la NASA confirmaron que este es el impacto más grande registrado en tiempos recientes en todo el sistema solar. Eventos de esta magnitud ocurren aproximadamente una vez cada 132 años, lo que convierte al descubrimiento en lo que los investigadores describieron como una observación estadísticamente rara, algo que en la práctica sucede una sola vez en la vida de una persona.
Mark Robinson, científico jefe de las cámaras del Orbitador de Reconocimiento Lunar, describió el alcance físico de la colisión. La superficie lunar fue removida en un radio de más de 100 kilómetros. El polvo y el suelo rocoso fueron proyectados con un ángulo mayor al que los modelos previos anticipaban, esparciendo material a través de una vasta región del satélite. Un estudio independiente dirigido por David Paige, investigador de la Universidad de California en Los Ángeles, identificó una zona fría de 7 kilómetros de ancho alrededor del nuevo cráter. Esta anomalía térmica es consistente con un aflojamiento de la capa superficial del suelo lunar, un fenómeno conocido como regolito. Paige describió el impacto como una forma de acondicionar el suelo lunar: remover los sedimentos y colocar en la superficie cosas que normalmente están bajo tierra.
El hallazgo tiene consecuencias que se extienden mucho más allá de este cráter en particular. Los numerosos impactos detectados por el Orbitador de Reconocimiento Lunar desde su lanzamiento permiten a los científicos calcular con mayor precisión el ritmo al que se transforma la superficie de la Luna. La capa superior del suelo lunar, de apenas 2 centímetros de espesor, se renueva por el material expulsado cada 80.000 años, un plazo significativamente más corto de lo que la comunidad científica había supuesto anteriormente. Este dato tiene implicaciones directas para uno de los mitos más arraigados sobre la exploración espacial: la creencia de que las huellas dejadas por los astronautas del Apolo en el suelo lunar perdurarán indefinidamente. Robinson fue categórico al respecto. Sin duda habrán desaparecido mucho antes, afirmó en un correo electrónico.
Ahora el descubrimiento orienta las decisiones de ingeniería de la NASA para futuras misiones lunares. Robert Wagner, investigador de la misión del Orbitador de Reconocimiento Lunar, fue quien identificó la estructura a partir de las imágenes de la sonda. Su trabajo, junto con el de Robinson y Paige, alimenta una pregunta concreta: ¿qué tan probable es que el material expulsado por un impacto similar afecte las instalaciones que la NASA proyecta construir en la Luna? Robinson precisó que calcular ese riesgo es el siguiente paso en la investigación. Esa información ayudará a los ingenieros a reforzar las estructuras para que no haya que preocuparse por los daños, o al menos preocuparse menos, indicó. El cráter McGetchin, invisible durante dieciséis meses, ahora se convierte en una lección sobre la fragilidad de cualquier construcción humana en la superficie lunar.
Citazioni salienti
Este evento constituye una observación estadísticamente rara, que en la práctica ocurre una sola vez en la vida— Investigadores en Science Advances
Esa información ayudará a los ingenieros a reforzar las estructuras para que no haya que preocuparse por los daños, o al menos preocuparse menos— Mark Robinson, científico jefe de las cámaras del LRO