Descubren 10.000 años de ocupación humana continua en los Pirineos

El paisaje pirenaico actual es fruto de diez mil años de intervención humana
Los investigadores demuestran que los bosques de hayas y robles fueron transformados en pinares por la ganadería y quema forestal sostenida.
Mark

¿Por qué durante tanto tiempo los arqueólogos creyeron que la alta montaña estaba deshabitada?

Mimi

Porque la lógica parecía obvia. Si los humanos podían vivir en valles fértiles con agua abundante y clima templado, ¿por qué subir a un lugar donde todo es más difícil? Fue una suposición que nadie cuestionaba seriamente.

Mark

¿Qué cambió?

Mimi

Ötzi. Cuando encontraron al hombre de hielo en 1991, muerto a más de tres mil metros con una flecha en el cuerpo, los arqueólogos tuvieron que repensar todo. Si alguien estaba allí hace cinco mil años, quizás otros también.

Mark

Pero estos hallazgos en los Pirineos son aún más antiguos, ¿verdad?

Mimi

Sí. Tenemos ocupación documentada que se remonta diez mil años. Y no es ocupación ocasional. Es gente viviendo allí, generación tras generación, incluso cuando el clima era inestable.

Mark

¿Qué hacían en la montaña? ¿Cazaban?

Mimi

Cazaban, sí, pero también pastoreaban ovejas, quemaban bosques para crear pastos, construían estructuras permanentes. Transformaban el paisaje. El bosque que ves hoy no es natural; es el resultado de miles de años de ganadería.

Mark

Entonces el paisaje "virgen" de la montaña es en realidad un paisaje humano.

Mimi

Exactamente. Lo que creíamos que era naturaleza intacta es en realidad un archivo de decisiones humanas milenarias. Cada árbol, cada prado, cuenta una historia de ocupación.

Mark

¿Qué significa esto para cómo entendemos la prehistoria?

Mimi

Significa que los humanos no eran pasivos ante su entorno. Eran activos, adaptables, capaces de vivir en lugares que hoy nos parecen inhóspitos. Y que la historia de Europa es más compleja de lo que pensábamos.

  • La suposición de que los humanos prehistóricos evitaban la alta montaña se derrumba ante 124 dataciones de radiocarbono obtenidas en 45 yacimientos del Parque Nacional de Aigüestortes, todos por encima de los 2.000 metros.
  • El Abric de les Obagues de Ratera, a 2.320 metros de altitud, ofrece una secuencia de ocupación ininterrumpida desde el Mesolítico hasta el siglo XX, una línea temporal sin parangón en Cataluña.
  • Herramientas de sílex halladas a 2.800 metros, traídas desde 30 kilómetros de distancia, revelan redes de intercambio activas y una movilidad humana que desafía cualquier imagen de aislamiento montañoso.
  • La ganadería y las quemas forestales practicadas desde hace 5.300 años transformaron bosques de hayas y robles en los pinares actuales, convirtiendo el paisaje pirenaico en un archivo vivo de intervención humana.
  • Con la base de datos publicada en acceso abierto y una exposición pública en el Ecomuseu de les Valls d'Àneu, el conocimiento sobre la prehistoria de alta montaña avanza hacia la comunidad científica y la sociedad en general.

Durante milenios, la montaña fue considerada un umbral que la humanidad prehistórica no cruzaba. Ahora, investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona han documentado diez mil años de presencia humana continua en los Pirineos, por encima de los dos mil metros, demostrando que las alturas no eran refugio del olvido sino escenario de vida sostenida. Este hallazgo no solo reescribe la arqueología europea, sino que revela que el paisaje pirenaico que hoy contemplamos es, en esencia, una obra humana acumulada a lo largo de generaciones incontables.

Durante siglos, la arqueología europea asumió que los primeros humanos evitaban las alturas. Las montañas eran inhóspitas y remotas; la vida real ocurría en los valles. Pero nuevos análisis de radiocarbono en los Pirineos están reescribiendo esa historia. Investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona han documentado diez mil años de ocupación humana continua en la alta montaña, desafiando una de las suposiciones más arraigadas de la disciplina.

El trabajo, liderado por Ermengol Gassiot y el Grupo de Arqueología de Alta Montaña durante dos décadas, catalogó 380 yacimientos dentro del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. De ellos, 124 dataciones de radiocarbono en 45 ubicaciones distintas, todas por encima de los 2.000 metros, revelan una presencia humana sostenida a través de milenios y períodos de cambio climático severo.

El sitio más revelador es el Abric de les Obagues de Ratera, a 2.320 metros, con una secuencia que abarca desde el Mesolítico hasta el siglo XX. En el Abric del Portarró aparecieron las primeras evidencias de arquitectura prehistórica pirenaica: estructuras de piedra seca y madera de hace cinco mil años. A 2.800 metros, herramientas de sílex procedentes de 30 kilómetros de distancia evidencian redes de intercambio que conectaban comunidades a través de la montaña.

El impacto de esta ocupación fue profundo y duradero. El paisaje pirenaico actual no es natural ni intacto: es el resultado de diez mil años de intervención humana. Desde hace 5.300 años, la quema sistemática de bosques para abrir pastos y la llegada de ovejas domesticadas transformaron hayas y robles en los pinares que hoy dominan la vertiente sur. Con el declive de la ganadería extensiva, los bosques avanzan nuevamente hacia las alturas.

Este hallazgo se inscribe en un patrón continental: en los Alpes, los Cárpatos y otras cadenas montañosas europeas, la evidencia de ocupación antigua en la alta montaña se multiplica. Los investigadores han publicado su base de datos en acceso abierto, y una exposición en el Ecomuseu de les Valls d'Àneu acerca estos descubrimientos al público. Los Pirineos albergan ahora una de las cronologías humanas más prolongadas y documentadas de Europa.

Durante siglos, los arqueólogos asumieron que los primeros humanos evitaban las alturas. Las montañas eran inhóspitas, remotas, lugares donde la supervivencia parecía imposible. Los asentamientos reales ocurrían en valles fértiles, junto a ríos, donde la vida era más fácil. Pero nuevos análisis de radiocarbono en los Pirineos están reescribiendo esa historia. Investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona han documentado diez mil años de ocupación humana continua en la alta montaña, desafiando una de las suposiciones más arraigadas de la arqueología europea.

El descubrimiento proviene de un trabajo sistemático que lleva dos décadas en marcha. El Grupo de Arqueología de Alta Montaña, dirigido por Ermengol Gassiot, ha catalogado 380 yacimientos arqueológicos dentro del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. De esos sitios, los investigadores extrajeron 124 dataciones de radiocarbono de 45 ubicaciones diferentes, todas ellas por encima de los dos mil metros de altitud. Lo que emerge de estos datos es una imagen radicalmente distinta de la que prevalecía hace poco: comunidades humanas no solo visitaban estas zonas elevadas, sino que las ocupaban de manera sostenida a través de milenios, incluso durante períodos de cambio climático severo.

El sitio más revelador es el Abric de les Obagues de Ratera, ubicado a dos mil trescientos veinte metros. Su secuencia de ocupación es prácticamente sin parangón en Cataluña. Los restos arqueológicos abarcan desde el Mesolítico, pasando por el Neolítico, el Calcolítico, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, hasta la Alta Edad Media y los siglos diecinueve y veinte. Es una línea temporal continua que abarca miles de años. En el Abric del Portarró, a dos mil doscientos ochenta metros, los arqueólogos descubrieron las primeras evidencias de arquitectura en la prehistoria pirenaica: estructuras de piedra seca y madera que datan de hace cinco mil años. En la Cova del Sardo, a menor altitud, encontraron otra secuencia prolongada que se remonta siete mil quinientos años atrás.

Los períodos de mayor actividad humana coincidieron con momentos específicos: el final del Neolítico, entre cinco mil trescientos y cuatro mil quinientos años atrás, y nuevamente durante la Antigüedad tardía y los inicios de la Edad Media. Gassiot señala que cuando Ötzi, el famoso hombre de hielo del Tirol, cruzaba un glaciar hace cinco mil trescientos años y moría a más de tres mil metros de altura, otras zonas de alta montaña como el parque nacional experimentaban un aumento marcado de presencia humana. Los hallazgos incluyen no solo refugios rocosos utilizados por grupos nómadas, sino también viviendas, monumentos funerarios, muros de piedra seca y círculos de piedra. En una ubicación a dos mil ochocientos metros, los arqueólogos encontraron herramientas de sílex que provenían de treinta kilómetros de distancia, evidencia de redes de intercambio y movilidad que conectaban comunidades a través de la montaña.

Pero el impacto de esta ocupación prolongada fue profundo. El paisaje pirenaico que vemos hoy no es natural e intacto, como muchos asumen. Es el resultado de diez mil años de intervención humana. Hace dos mil años, los bosques de la vertiente sur de los Pirineos estaban dominados por hayas y robles. Hoy, muchas de esas áreas son pinares. Esa transformación no fue accidental. Desde hace cinco mil trescientos años, la quema continuada de zonas boscosas para abrir pastos fue remodelando el paisaje. La llegada de ovejas, animales importados del Oriente Próximo porque no había ovinos silvestres para domesticar localmente, consolidó ese cambio. La ganadería extensiva, practicada durante milenios, hizo retroceder los bosques a altitudes más bajas. En la actualidad, con la decadencia de esa ganadería, los bosques avanzan nuevamente hacia las alturas.

La investigación se inscribe en un fenómeno más amplio. En las últimas décadas, hallazgos similares de ocupación antigua en la alta montaña se multiplican en toda Europa, desde los Alpes hasta los Cárpatos. Lo que parecía ser una anomalía local resulta ser un patrón continental. Los investigadores han publicado su base de datos de radiocarbono en acceso abierto, incluyendo informes de laboratorio, contextos arqueológicos y el código utilizado para el análisis estadístico. Esto permite a la comunidad científica comparar estos vestigios con datos paleoecológicos y climáticos, ampliando el conocimiento sobre cómo los humanos se adaptaron a entornos extremos. Una exposición en el Ecomuseu de les Valls d'Àneu, titulada Montañas en la Prehistoria, presenta estos hallazgos al público. Los Pirineos, lejos de ser espacios vírgenes y remotos, albergan ahora una de las cronologías humanas más prolongadas y documentadas de Europa.

Los yacimientos ubicados en zonas de alta montaña, lugares que para nosotros serían inaccesibles e inhóspitos, suelen presentar largos períodos de ocupación humana
— Ermengol Gassiot, director del Grupo de Arqueología de Alta Montaña
Los datos publicados ahora en acceso abierto modifican la idea de que las áreas de alta montaña son espacios vírgenes y ponen de manifiesto la presencia humana continuada a pesar de los contextos de variabilidad climática
— Ermengol Gassiot
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