Demanda eléctrica histórica obliga a Colombia a activar generación térmica ante El Niño

El país está consumiendo energía a un ritmo cercano a las peores proyecciones posibles.
En mayo, Colombia superó las proyecciones extremas de demanda, quedando apenas 130 GWh por debajo del modelo más pesimista.

En el cruce entre el calor sin precedentes y la fragilidad hídrica, Colombia atraviesa en 2026 un umbral que pocas veces ha enfrentado: su demanda eléctrica crece al ritmo de las peores proyecciones posibles mientras los embalses se alejan de los niveles de seguridad que la ley exige. No es solo una crisis técnica, sino el reflejo de una civilización que consume más de lo que la naturaleza, en su ciclo alterado, puede reponer. El país activa ahora sus reservas fósiles como escudo preventivo, consciente de que el verano que se aproxima pondrá a prueba décadas de infraestructura y décadas de confianza en la lluvia.

  • La demanda eléctrica de mayo de 2026 superó todos los registros históricos con un alza del 8,76%, impulsada por temperaturas extremas que no dan tregua desde marzo.
  • Los embalses nacionales operan por debajo de la senda obligatoria fijada por el regulador, señal de que el agua se consume más rápido de lo que las lluvias la reponen.
  • El consumo actual roza el escenario más catastrófico que los planificadores energéticos habían modelado, dejando márgenes de seguridad peligrosamente estrechos.
  • Las autoridades han activado modelos matemáticos de simulación que exigen llenar los embalses al 80% antes del verano seco, una meta que requiere despacho térmico intensivo e ininterrumpido.
  • El fantasma de El Niño de 2015-2016 y la sequía histórica de 1991-1993 obligan a planificar no solo para el próximo verano, sino para la posibilidad de que la escasez se prolongue más allá de lo previsto.

En mayo de 2026, Colombia registró el mayor consumo eléctrico de su historia, con un crecimiento del 8,76% frente al mismo mes del año anterior. No fue un evento aislado: desde marzo las temperaturas máximas habían comenzado a escalar en distintas regiones, empujando la demanda residencial e industrial por encima de cualquier proyección razonable. El país estaba consumiendo energía a un ritmo cercano al escenario más extremo que la Unidad de Planeación Minero Energética había contemplado, superando en 245 gigavatios-hora mensuales su modelo de referencia central.

El problema no es solo el calor. Al mismo tiempo que la demanda bate récords, los embalses nacionales han caído al 69,43% de su capacidad útil, quedando 0,63 puntos porcentuales por debajo de la senda de invierno obligatoria establecida por el regulador. La demanda sostenida desde marzo ha drenado las reservas hídricas más rápido de lo que las lluvias pueden reponerlas, justo en la época del año en que debería haber mayor disponibilidad de agua. Con una matriz eléctrica que depende en un 62% de la generación hidráulica, esa brecha tiene consecuencias directas sobre la seguridad del suministro.

Los modelos técnicos son categóricos: antes de que comience la temporada seca de 2026-2027, los embalses deben superar obligatoriamente el 80% de su capacidad útil. Para lograrlo, Colombia no puede esperar a que las lluvias hagan el trabajo solas. Deberá activar de forma preventiva e intensiva su parque termoeléctrico, manteniendo un despacho continuo superior a los 90 gigavatios-hora diarios durante toda la temporada estacional, una exigencia que obliga a flexibilizar normativas y garantizar la logística de combustibles.

Lo que agrava el panorama es que esos modelos asumen condiciones ideales. Fallas imprevistas en plantas, una extensión atípica del fenómeno de El Niño o una temporada seca más larga de lo esperado harían necesario un esfuerzo aún mayor. Los registros de la sequía de 1991-1993 recuerdan que estas crisis pueden prolongarse hasta el año siguiente. Colombia se prepara, en definitiva, no solo para el próximo verano, sino para la posibilidad de que la escasez hídrica supere todos los calendarios previstos.

En mayo de 2026, Colombia enfrentó un momento crítico en su sistema eléctrico. El consumo de electricidad alcanzó máximos históricos tanto en el sector residencial como industrial, con un crecimiento del 8,76 % comparado con el mismo mes del año anterior. Este incremento no fue una sorpresa aislada, sino el punto más alto de una tendencia que comenzó en marzo, cuando las temperaturas máximas del aire comenzaron a elevarse de manera generalizada en distintas regiones del país. En marzo la demanda había crecido 5,67 %, en abril 6,7 %, y en mayo llegó a ese pico sin precedentes.

Lo que hace preocupante este consumo récord es que ocurre simultáneamente con una caída en las reservas de agua del país. Al 4 de junio de 2026, los embalses nacionales operaban al 69,43 % de su capacidad útil agregada, una cifra que quedó 0,63 puntos porcentuales por debajo de la senda de invierno obligatoria establecida por la Comisión de Regulación de Energía y Gas. Esta brecha no es accidental: la demanda sostenida desde marzo ha consumido agua de los embalses más rápido de lo que las lluvias pueden reponerla, en un momento del año cuando precisamente debería haber mayor disponibilidad hídrica.

Los números revelan cuán cerca está Colombia de sus límites operativos. El consumo de mayo superó en 245 gigavatios-hora mensuales el Escenario Medio que la Unidad de Planeación Minero Energética había proyectado en septiembre de 2025. Apenas quedó 130 gigavatios-hora por debajo del modelo más extremo, el IC Superior 95 %, lo que significa que el país está consumiendo energía a un ritmo cercano a las peores proyecciones posibles. La infraestructura eléctrica nacional cuenta con una capacidad efectiva neta de 21.315,61 megavatios en operación, distribuida en un 62 % de generación hidráulica, 29 % de centrales térmicas y 9 % de energía solar.

Anticipando lo que se aproxima, los expertos han activado modelos de simulación matemática para evaluar qué sucederá durante el verano de 2026-2027, cuando históricamente llueve menos. Estos modelos incorporan la demanda proyectada, los cronogramas de nuevos proyectos, las características técnicas de las plantas existentes y los mantenimientos programados. Las conclusiones son contundentes: antes de que comience la temporada seca, el volumen útil agregado de los embalses debe superar obligatoriamente el 80 %. Ese llenado técnico preventivo debe consolidarse de manera progresiva a partir de agosto de 2026 para garantizar que no haya apagones.

Para lograrlo, Colombia no puede esperar a que las lluvias naturales llenen los embalses. El país debe activar de manera preventiva e intensiva su parque termoeléctrico, es decir, las plantas que generan electricidad quemando combustibles fósiles. Según los modelos que toman como referencia la hidrología crítica del fenómeno de El Niño de 2015 y 2016, las centrales térmicas deberán mantener un despacho continuo superior a los 90 gigavatios-hora diarios durante toda la temporada estacional del verano. Esta exigencia operativa obliga a las autoridades a flexibilizar normativas y asegurar que haya suficiente logística de combustibles disponible.

Lo que complica aún más el panorama es que estos modelos asumen un escenario ideal sin contingencias adicionales. Si ocurren fallas imprevistas en las plantas, si el fenómeno de El Niño se prolonga más de lo esperado, o si hay extensiones atípicas de la temporada seca, el esfuerzo de generación térmica tendría que ser aún más agresivo. Los registros históricos extremos, como el ciclo de sequía de 1991-1993, demuestran que las sequías severas pueden prolongarse incluso hasta el año siguiente. Colombia está, en otras palabras, preparándose no solo para el verano próximo, sino para la posibilidad de que la escasez de agua se extienda más allá de lo que normalmente se espera.

Esperar a que los embalses sigan descendiendo representa un riesgo sistémico inviable; por lo tanto, se hace indispensable activar de manera preventiva una participación extendida e intensiva del parque termoeléctrico nacional.
— Informe técnico del sector energético colombiano
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué el consumo eléctrico creció tanto en estos meses específicos?

Model

Las temperaturas máximas del aire aumentaron de manera generalizada desde marzo. Más calor significa más aire acondicionado, más refrigeración en la industria, más demanda de electricidad en general.

Inventor

Pero eso debería ser predecible, ¿no? ¿Por qué sorprende tanto?

Model

Sorprende porque creció más rápido de lo que los modelos más extremos habían proyectado. En mayo estaban casi tocando el techo de sus peores escenarios posibles.

Inventor

¿Y los embalses? ¿Por qué están tan bajos si estamos en invierno?

Model

Porque toda esa electricidad que se consume tiene que venir de algún lado. Si no llueve lo suficiente y la demanda no baja, los embalses se vacían más rápido de lo que se llenan.

Inventor

Entonces activar plantas térmicas es una solución temporal, ¿verdad?

Model

Exacto. Es un escudo preventivo. Si esperas a que los embalses sigan cayendo, llegas al verano sin reservas. Las plantas térmicas compran tiempo mientras esperas que llueva.

Inventor

¿Cuál es el riesgo real si no hacen esto?

Model

Apagones. No poder abastecer la demanda. Un colapso del sistema. Por eso los modelos dicen que los embalses deben estar al 80 % antes de que empiece el verano.

Inventor

¿Y si El Niño es más fuerte o dura más de lo esperado?

Model

Entonces tendrían que quemar aún más combustible, o enfrentar racionamientos. Los registros históricos muestran que algunas sequías se prolongaron dos años.

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