Desde el podio de la Asamblea General de la ONU, Delcy Rodríguez, nueva presidenta encargada de Venezuela, pronunció un discurso que no buscaba defender dos décadas de chavismo, sino sepultarlas. Con palabras de gratitud hacia Donald Trump y elogios a un acuerdo petrolero bilateral, Rodríguez trazó una nueva brújula geopolítica para Caracas, eligiendo el escenario más visible de la diplomacia mundial para repudiar el legado del que ella misma fue arquitecta.