En los pasillos de la diplomacia global, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez extendió esta semana una mano hacia Washington, reconociendo a Donald Trump como artífice de un deshielo entre dos gobiernos que durante años se miraron como adversarios. Ante la Asamblea General de la ONU, prometió elecciones sin fijar fecha, un gesto que la historia sabrá leer como apertura genuina o como maniobra de tiempo. Trump, receptor del agradecimiento, respondió con la claridad de quien no olvida las condiciones: al final, tiene que haber elecciones.