Senadora Holguín genera rechazo por frase sobre víctimas oculares en protestas

Al menos 46 personas sufrieron agresiones oculares durante las protestas; también se registraron 43 homicidios presuntamente cometidos por miembros de la Fuerza Pública, 1.388 detenciones arbitrarias y 22 casos de violencia sexual.
Dejen de estar llorando por un solo ojo, porque ustedes están inflando las cifras
La frase de la senadora Holguín que desató críticas al minimizar las agresiones oculares documentadas durante las protestas.

En medio del paro nacional colombiano de 2021, las palabras de una senadora revelaron algo más profundo que una controversia política: la dificultad de una sociedad para sostener, al mismo tiempo, el dolor de sus ciudadanos heridos y la preocupación por sus instituciones dañadas. Cuando Paola Holguín del Centro Democrático pidió que dejaran de 'llorar por un solo ojo', la frase aterrizó sobre un país donde 46 personas habían perdido precisamente eso —un ojo— durante las protestas. El incidente no fue solo un tropiezo retórico; fue el reflejo de una polarización tan profunda que incluso el lenguaje del sufrimiento se había convertido en campo de batalla.

  • Una frase pronunciada en el Senado —'dejen de estar llorando por un solo ojo'— se convirtió en símbolo de la frialdad con que el establecimiento político percibía a las víctimas de las protestas.
  • El contexto la hizo insostenible: días antes, Juan Fonseca, un joven que había perdido un ojo durante las movilizaciones, había testificado ante ese mismo Senado con nombre, rostro y herida irreversible.
  • La indignación en redes sociales fue inmediata y transversal; el senador Gustavo Bolívar acusó a Holguín de haber caído 'tan bajo' como nunca antes había visto en la política colombiana.
  • Holguín respondió acusando a sus críticos de manipular sus palabras y activar 'bodegas' digitales, pero su defensa no logró reencuadrar lo que millones ya habían escuchado.
  • Detrás del escándalo yacían cifras documentadas por la ONG Temblores: 46 agresiones oculares, 43 homicidios atribuidos a la Fuerza Pública, 1.388 detenciones arbitrarias y 22 casos de violencia sexual en menos de un mes de protestas.
  • El episodio dejó expuesta la fractura central del debate colombiano: la incapacidad política de reconocer simultáneamente el daño a la infraestructura pública y el daño a los cuerpos de los manifestantes.

A mediados de mayo de 2021, durante una sesión de la Comisión Segunda del Senado, la senadora Paola Holguín del Centro Democrático intervino para cuestionar lo que describió como una narrativa incompleta de la oposición. Según ella, quienes denunciaban violaciones de derechos humanos durante el paro nacional ignoraban deliberadamente los incendios de edificios gubernamentales, el desabastecimiento provocado por los bloqueos y el cierre de empresas. Su argumento tenía una lógica interna, pero fue una sola frase la que lo eclipsó todo: "dejen de estar llorando por un solo ojo, porque ustedes además están inflando las cifras".

La brutalidad involuntaria de esas palabras se volvió insoportable a la luz de lo que había ocurrido días antes. Juan Fonseca, un joven manifestante que había perdido un ojo durante las protestas, había testificado ante el Senado en un debate sobre el ministro de Defensa. Su relato no era una estadística: era una pérdida concreta, narrada con voz propia. Para muchos, la frase de Holguín parecía dirigida directamente a él.

En Twitter, el senador Gustavo Bolívar reaccionó con dureza, acusando a Holguín de haber caído más bajo que nadie en la política colombiana. La senadora se defendió alegando que sus palabras habían sido manipuladas y que enfrentaba un ataque orquestado, pero la controversia ya había tomado vida propia.

Lo que el episodio dejó al descubierto fue más grave que el desliz en sí. Según registros de la ONG Temblores, entre el 28 de abril y el 24 de mayo de 2021 se documentaron 46 víctimas de agresiones oculares, 43 homicidios presuntamente cometidos por la Fuerza Pública, 1.388 detenciones arbitrarias y 22 casos de violencia sexual. Los daños a la infraestructura eran reales. Las heridas a los manifestantes también. Ambas verdades podían coexistir, pero en el clima de polarización que atravesaba Colombia, esa coexistencia parecía haberse vuelto políticamente imposible.

Durante una sesión de la Comisión Segunda del Senado de la República a mediados de mayo de 2021, la senadora Paola Holguín del Centro Democrático pronunció palabras que encendieron las redes sociales y profundizaron las grietas políticas que atravesaban al país en medio de un paro nacional convulso. En su intervención, Holguín cuestionó lo que describió como una narrativa incompleta de la oposición, una que enfatizaba el sufrimiento de civiles mientras, según ella, ignoraba deliberadamente los daños a la infraestructura pública, los incendios de edificios gubernamentales como el Palacio de Justicia en Tuluá, y las consecuencias económicas de los bloqueos: empresas cerrando, empleos desapareciendo, medicinas y alimentos escaseando en las ciudades.

Pero fue una frase en particular la que atravesó el discurso como un puñal. "No engañen a los colombianos y no engañen a la comunidad internacional y dejen de estar llorando por un solo ojo, porque ustedes además están inflando las cifras", dijo Holguín, refiriéndose a quienes denunciaban violaciones de derechos humanos durante las movilizaciones. La senadora acusaba a la oposición de exagerar números y de condenar sin debido proceso.

Lo que hizo que esas palabras resonaran con particular crudeza fue el contexto inmediato. Días antes, Juan Fonseca, un joven manifestante, había testificado ante el Senado en un debate sobre la censura del ministro de Defensa Diego Molano. Fonseca relató, con una vulnerabilidad que conmovió a quienes lo escucharon, cómo había perdido un ojo durante las protestas. Su testimonio no era una cifra inflada. Era un rostro, una voz, una pérdida irreversible. Cuando Holguín lanzó su frase sobre "llorar por un solo ojo", muchos entendieron que estaba dirigida directamente a él.

En Twitter, el senador Gustavo Bolívar respondió con dureza: "La senadora del CD, Paola Holguín le dice a Juan Fonseca: 'Deje de llorar por un solo ojo'. Uno entiende el desespero del uribismo pero nunca había visto a nadie caer tan bajo". El comentario capturó algo de la reacción generalizada: no solo desacuerdo político, sino una sensación de que se había cruzado una línea moral.

Holguín se defendió en Twitter, argumentando que sus palabras habían sido manipuladas, que se trataba de un ataque orquestado. "Manipulan videos, activan bodegas, insultan sin parar... y creen que con esas bobadas vamos a dejar de decirles la verdad", escribió. Pero su defensa no logró apagar el fuego. El daño ya estaba hecho.

Lo que quedó sin respuesta fue la pregunta implícita en el intercambio: ¿cómo se habla de números cuando esos números representan ojos perdidos, vidas alteradas para siempre? Según registros de la ONG Temblores, entre el 28 de abril y el 24 de mayo de 2021, se documentaron 46 víctimas de agresiones oculares durante las protestas. Esas mismas semanas también vieron 43 homicidios presuntamente cometidos por miembros de la Fuerza Pública, 1.388 detenciones arbitrarias, 22 casos de violencia sexual, y 955 víctimas de violencia física. Los números eran reales. Los daños a la infraestructura también lo eran. Ambas cosas podían ser ciertas simultáneamente.

Pero en el clima de polarización que envolvía al país, la capacidad de sostener esa complejidad parecía haberse evaporado. El incidente con Holguín no era simplemente un desliz retórico de una senadora. Era un síntoma de cómo la política colombiana había llegado a un punto en el que hablar de derechos humanos y hablar de orden público se percibían como actos de traición mutua, en lugar de preocupaciones que podían coexistir. La pregunta que quedaba flotando era si ese abismo podría alguna vez cerrarse.

La senadora del CD, Paola Holguín le dice a Juan Fonseca: 'Deje de llorar por un solo ojo'. Uno entiende el desespero del uribismo pero nunca había visto a nadie caer tan bajo.
— Senador Gustavo Bolívar, en Twitter
Manipulan videos, activan bodegas, insultan sin parar... y creen que con esas bobadas vamos a dejar de decirles la verdad
— Senadora Paola Holguín, en su defensa en Twitter
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué una frase sobre "llorar por un ojo" generó tanta reacción? Parece una metáfora política común.

Model

Porque no era solo una metáfora. Juan Fonseca, un joven real, había perdido un ojo de verdad días antes. Cuando Holguín dijo eso en el Senado, muchos sintieron que estaba burlándose de su dolor específico, no solo debatiendo cifras.

Inventor

Pero Holguín decía que la oposición estaba inflando números. ¿Había algo de verdad en eso?

Model

Posiblemente. Los números de daños a infraestructura y desabastecimiento eran reales. Pero el problema fue el momento y la forma. Cuando alguien está describiendo cómo perdió un ojo, no es el instante para decirle que está exagerando.

Inventor

¿Cómo respondió Holguín cuando la criticaron?

Model

Dijo que manipulaban sus videos, que era un ataque orquestado. Pero eso no cambió lo que la gente había escuchado. La defensa llegó tarde y sonó como si no entendiera por qué sus palabras habían lastimado.

Inventor

¿Qué dice esto sobre Colombia en ese momento?

Model

Que la polarización había llegado a un punto donde era casi imposible reconocer que dos cosas malas podían ser ciertas al mismo tiempo: que había víctimas civiles y que había daños a bienes públicos. Tenías que elegir un lado y negar el otro.

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