Cuando los modelos meteorológicos anunciaron que la cuenca de Santiago perdería su capacidad de ventilarse, las autoridades de la Región Metropolitana no esperaron a que el daño fuera visible: declararon Alerta Ambiental para el sábado 25 de julio de 2026, actuando sobre el futuro antes de que el presente lo exigiera. Es una forma moderna de precaución colectiva, donde la ciencia del pronóstico se convierte en política pública, y la calidad del aire que respiramos depende tanto de decisiones institucionales como de los hábitos cotidianos de millones de personas.