En el umbral de una nueva administración, Colombia se prepara para replegar parte de su presencia en el mundo: el presidente electo Abelardo De La Espriella ha anunciado el cierre de 14 embajadas y 15 consulados, invocando la austeridad como virtud de Estado. Sin embargo, cuando los números se examinan con detenimiento, el ahorro prometido representa apenas una fracción marginal del presupuesto nacional, lo que invita a preguntarse si el gesto es más simbólico que estructural. La diplomacia, como la memoria, tiene costos invisibles que solo se revelan cuando ya no está.