De la Espriella desplegó su gabinete en zonas afectadas para demostrar gobierno descentralizado, pero debió regresar a Bogotá donde funcionan las salas de crisis. El presidente rechazó ayuda internacional de rescatistas, generando confusión sobre criterios ideológicos, mientras su esposa gestiona donaciones privadas del sector empresarial.
De la Espriella: acción descentralizadora pero personalismo y revuelo en su debut con terremoto
Solo él hablaría. Una decisión conflictiva cuando un país entero busca respuestas.
¿Por qué un presidente que promete descentralizar el poder termina centralizando todas las comunicaciones sobre la crisis?
Porque la crisis exigía control. De la Espriella vio que Pava y su gabinete daban mensajes contradictorios sobre la ayuda internacional, y decidió que solo él hablaría. Es un reflejo de su estilo desde la campaña: mensajes milimétricos, sin sorpresas.
Pero eso genera desconfianza, ¿no? Un país necesita información clara en una emergencia.
Exacto. Y eso es lo paradójico. Mientras rechaza la ayuda internacional sin explicar bien por qué, mientras su esposa gestiona donaciones privadas sin supervisión técnica, el Estado que debería responder está fragmentado. Pava sigue al mando de la UNGRD, pero no es de su confianza.
¿Entonces el rechazo de rescatistas internacionales fue una decisión política o una decisión técnica?
Nadie lo sabe con claridad. Pava dijo que los colombianos eran suficientes. Luego dijo que el Gobierno quería priorizar a Israel y Estados Unidos sobre México. El canciller negó consideraciones ideológicas. Pero solo llegaron rescatistas de países aliados. La confusión es el mensaje.
¿Y qué pasa con el anuncio de operaciones militares conjuntas con Estados Unidos?
Que lo anunció el secretario de Defensa estadounidense, no De la Espriella. Es un cambio radical respecto a Petro, pero el presidente colombiano no controló el mensaje. Eso es lo irónico: quería centralizar todas las comunicaciones, pero perdió el control de su propia política exterior.
¿Cree que esto lo perseguirá?
Depende de lo que pase en los próximos meses. Si logra reconstruir, las fotos de él en los municipios afectados definirán su legado. Si fracasa, la foto de él enviando besos al aire antes de anunciar los muertos será lo que recuerden.
El Pulso
- Terremoto con casi 300 muertos y miles sin hogar; El Cairo con 80% de infraestructura destruida
- De la Espriella rechazó ayuda de rescatistas internacionales, generando confusión sobre criterios ideológicos
- Anunció operaciones militares conjuntas con Estados Unidos, cambio radical respecto a política de Petro
- Encargó a su esposa Ana Lucía Pineda la gestión de donaciones privadas del sector empresarial
De la Espriella desplegó su gabinete en zonas afectadas para demostrar gobierno descentralizado, pero debió regresar a Bogotá donde funcionan las salas de crisis. El presidente rechazó ayuda internacional de rescatistas, generando confusión sobre criterios ideológicos, mientras su esposa gestiona donaciones privadas del sector empresarial.
El nuevo presidente colombiano Abelardo de la Espriella enfrenta su primera crisis con un terremoto que deja casi 300 muertos. Su gestión combina despliegue territorial con decisiones polémicas: rechazó rescatistas internacionales, centralizó comunicaciones y anunció operaciones militares conjuntas con EE.UU.
Abelardo de la Espriella llevaba menos de tres días como presidente de Colombia cuando la tierra se movió. El abogado penalista, sin experiencia previa en cargos públicos, se encontró de repente gestionando un terremoto que dejó casi trescientos muertos y miles de personas sin hogar. El municipio de El Cairo quedó con el ochenta por ciento de su infraestructura destruida. Para De la Espriella, que había planeado su primer mes enfocado en crisis de seguridad, salud o finanzas, la prueba de fuego llegó antes de lo que nadie esperaba.
Su respuesta inicial fue territorial. El presidente, que ha insistido en descentralizar el poder sacándolo de Bogotá, desplegó a miembros de su gabinete por las tres regiones más golpeadas. Él mismo viajó a Quibdó para reunirse con la gobernadora del Chocó, a Pereira con el alcalde de Risaralda, a Cali con el alcalde del Valle del Cauca. En El Cairo, frente a los escombros, dijo: "Yo soy un hijo de la provincia, como ustedes, yo también soy del pueblo". Canceló la presencia de todos sus ministros en una cumbre importante de empresarios en Cartagena para concentrar energías en la reconstrucción. Hasta el momento, la población afectada no ha abucheado su visita ni ha clamado contra él desde los restos de las ruinas, a diferencia de otros desastres donde líderes enfrentaron la rabia de las víctimas.
Pero los primeros tropiezos llegaron rápido. El primero tocó su propio proyecto de descentralización: De la Espriella quería gobernar desde Barranquilla, pero el terremoto lo obligó a tomar un avión de urgencia a Bogotá, donde funciona su gabinete y donde están las salas de crisis de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres. El segundo fue más complicado. De la Espriella se había negado a hacer el empalme con el Gobierno de Gustavo Petro, al que nunca reconoció como ganador de las elecciones. Esto significaba que al mando de la UNGRD seguía Javier Pava, un aliado de Petro. El gestor de desastres que De la Espriella había pensado designar ni siquiera había sido nombrado. "Ellos desconfiaban de mí, y yo desconfiaba de ellos", dijo Pava después.
De esa desconfianza brotó la confusión sobre el rechazo de ayuda internacional. Pava transmitió primero que los rescatistas colombianos eran suficientes. Luego contó a los medios que el Gobierno de derechas quería priorizar rescatistas de Israel o Estados Unidos por encima de México, una polémica que sigue viva. El canciller Omar Bula Escobar aseguró después que trabajaban "sin ninguna consideración ideológica ni política", pero solo se aprobó la llegada de rescatistas de Ecuador, El Salvador, Estados Unidos e Israel. México quedó fuera, para sorpresa de su presidenta de izquierdas, Claudia Sheinbaum.
El tercer revés fue de comunicación. Mientras De la Espriella aterrizaba en Bogotá, Pava y miembros del gabinete daban declaraciones a la prensa. El presidente tomó entonces una decisión tajante: todas las comunicaciones sobre la crisis pasarían bajo su control exclusivo. Solo él hablaría. Una decisión conflictiva cuando un país entero busca respuestas en sus instituciones. De la Espriella ya venía demostrando desde la campaña un manejo milimétrico de sus mensajes. Incluso después de ser elegido, prohibió a sus ministros dar entrevistas sin su aprobación. Cuando citó su primera rueda de prensa en el Palacio de San Carlos para anunciar una emergencia económica, no permitió preguntas de la prensa.
La única persona a la que le ha dado el micrófono es a su esposa, Ana Lucía Pineda, a quien encargó el manejo de las ayudas del sector privado, desde funerarias hasta comida de McDonald's para los rescatistas. "La primera dama mandó un carrito Polaris, que nos han donado, y tan pronto nos lo donaron, ella dijo: 'Va para el Chocó'", dijo el presidente sobre las decisiones que toma su pareja. Sus críticos ven en esto un retroceso a una visión tradicional en la que la responsabilidad de las mujeres es gestionar ayudas a los desfavorecidos, en lugar de dejar que sea el Estado, a través de la UNGRD, quien administre esos recursos con conocimiento técnico de las necesidades reales.
La pérdida del mensaje sobre rescatistas internacionales fue un anticipo de lo que vendría. Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, estaba en Panamá para un encuentro de la alianza Escudo de las Américas. Allí anunció —él y no De la Espriella— que su país y Colombia harían "operaciones militares conjuntas". Un cambio radical respecto a la política de Petro, que permitía colaboración con inteligencia y financiación, pero no operaciones de soldados estadounidenses en territorio colombiano. Ni la Cancillería ni el Ministerio de Defensa dieron detalles. Tampoco sobre otras decisiones de política exterior polémicas tomadas durante la emergencia, como reconocer la soberanía de Israel en los Altos del Golán.
De la Espriella tuvo fotos clave esta semana. La más incómoda lo muestra enviando besos al aire a sus seguidores antes de anunciar el número de muertos, justo cuando acababa de ocurrir el terremoto. La de mejor ángulo lo muestra junto a sus ministros en todos los departamentos afectados. Serán sobre todo los más de cuatrocientos municipios que lidian con las consecuencias del sismo los que decidirán cuál de esas imágenes termina definiendo su Gobierno. Si logra una reconstrucción exitosa, tendrá la oportunidad de liderar un Plan Marshall. Si fracasa, el desastre del primer día lo perseguirá hasta el último.
Citas Notables
Yo soy un hijo de la provincia, como ustedes, yo también soy del pueblo— Abelardo de la Espriella, en El Cairo
Ellos desconfiaban de mí, y yo desconfiaba de ellos— Javier Pava, director de la UNGRD