En las alturas de La Paz, una joven francesa llamada Léna ha construido un pequeño negocio importando bisutería china que vende bajo la etiqueta 'Chic Paris', tejiendo sin saberlo un hilo que une fábricas de Cantón con mercados bolivianos. Su historia no es la de una ejecutiva ni la de una corporación, sino la de millones de personas en el Sur global que han descubierto en la manufactura china no una amenaza, sino una palanca para mejorar su propia vida. Lo que ella hace tiene nombre entre los economistas: globalización desde abajo, ese comercio invisible que no aparece en las estadísticas per