Cada año, los Estados construyen su presente sobre los cimientos del pasado que eligen recordar. El 28 de julio, Pyongyang conmemoró el 73 aniversario del fin de la Guerra de Liberación de la Patria con desfiles, música y fuegos artificiales presididos por Kim Jong Un, en una ceremonia donde la memoria histórica y la legitimidad política se entrelazaron ante miles de ciudadanos y diplomáticos aliados. Lo que se celebraba no era únicamente una fecha: era la renovación de un relato fundacional que el Estado norcoreano utiliza para justificar su identidad, su vigilancia y su continuidad.